El jueves, Siemens, Synopsys y Cadence —tres gigantes del software de diseño de semiconductores— confirmaron haber recibido notificaciones del Departamento de Comercio de Estados Unidos informándoles que las restricciones para exportar software de chips a China habían sido levantadas. Un movimiento que, apenas semanas atrás, parecía improbable.
“Se ha restaurado el acceso total”, anunció Siemens, que tiene su división EDA en Oregon, al confirmar que reanudó sus ventas y soporte técnico a los clientes chinos. Aunque Synopsys y Cadence fueron más cautelosos, ambas firmas reconocieron estar trabajando en la misma dirección tras recibir las misivas oficiales. Por ahora, el Departamento de Comercio no ha hecho declaraciones públicas al respecto.
Esta decisión revierte las medidas impuestas el 23 de mayo, cuando se exigió a estas empresas obtener licencias antes de exportar sus productos a China, en un esfuerzo por limitar el acceso de Pekín a tecnologías críticas como los procesadores de inteligencia artificial de Nvidia y AMD. Aquel endurecimiento fue parte de una escalada en la guerra tecnológica que parecía irreversible.
Las acciones de Synopsys y Cadence respondieron con un salto de 3% tras conocerse la noticia, reflejando el optimismo del mercado ante la reapertura del segundo mayor cliente del mundo en diseño de chips. De hecho, según declaraciones del CEO de Synopsys, Sassine Ghazi, China representó el 10% de los $1.600 millones en ingresos trimestrales de la empresa hasta el 30 de abril.
La participación global en el mercado de automatización de diseño electrónico (EDA) en 2024 estaba claramente dominada por estas firmas: Synopsys con 31%, Cadence con 30% y Siemens EDA con 13%, según datos de TrendForce. Y es precisamente ese dominio el que Washington había buscado proteger con sus restricciones.
Sin embargo, en el contexto de un acercamiento diplomático, la Casa Blanca parece haber cedido. Días antes, China había mostrado señales de distensión al confirmar su intención de reanudar intercambios de tecnología avanzada y tierras raras con EE. UU., bajo condiciones aún no detalladas.
El hecho de que este relajamiento llegue sin bombos ni platillos sugiere que la administración Trump quiere evitar la percepción de una concesión política, pero también que las presiones económicas están empujando hacia una coexistencia más pragmática. El pulso por el control tecnológico global, al menos por ahora, parece haber encontrado un breve compás de espera.
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