El presidente Donald Trump defendió la compra del 10% de Intel por parte del gobierno estadounidense, un acuerdo valorado en unos $8,900 millones de dólares. La operación combina recursos de la Ley CHIPS con asignaciones federales, y marca un paso inusual hacia la participación directa del Estado en corporaciones privadas.
Trump aseguró en su red social que hará “acuerdos como este todo el día”, destacando que la medida generará empleos y fortalecerá la riqueza nacional. El mandatario insistió en que las críticas provienen de “gente estúpida” que no entiende el beneficio de ver subir el valor de empresas estratégicas para Estados Unidos.
Un fondo soberano al estilo de Noruega o China
Desde la Casa Blanca, el asesor económico Kevin Hassett explicó que la participación en Intel es parte de un plan más amplio que busca la creación de un fondo soberano de riqueza, inspirado en modelos como el de Noruega o China. Este fondo permitiría canalizar recursos hacia sectores clave para la seguridad y competitividad tecnológica del país.
Aunque el gobierno subrayó que no intervendrá en la gestión de Intel, la decisión refleja un cambio respecto a la tradición estadounidense, donde la participación accionaria directa en corporaciones ha sido excepcional, como ocurrió con Fannie Mae y Freddie Mac durante la crisis financiera de 2008.
Impacto en trabajadores e inversionistas hispanos
La medida se complementa con los aranceles impuestos por la administración Trump para atraer más producción al territorio nacional, en línea con su agenda de reindustrialización. El énfasis en semiconductores cobra particular relevancia dado que son insumo esencial en automóviles, electrodomésticos y dispositivos móviles, industrias donde la comunidad hispana participa de forma activa como fuerza laboral y consumidores.
Para los pequeños inversionistas, la apuesta por Intel envía una señal de respaldo gubernamental al sector tecnológico, lo que podría incentivar más flujo de capital hacia empresas vinculadas a la manufactura avanzada. En paralelo, para trabajadores hispanos en manufactura y construcción, el anuncio se traduce en expectativas de más empleos vinculados a la expansión de plantas de chips en territorio estadounidense.
En bolsa, las acciones de Intel reaccionaron al alza tras el anuncio, reflejando confianza de Wall Street en que la participación estatal refuerza la posición de la compañía frente a la competencia asiática en semiconductores.
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