Las recientes declaraciones del presidente Donald Trump han reavivado la tensión entre Washington y Caracas, luego de que insinuara la posibilidad de extender las operaciones militares estadounidenses hacia territorio venezolano.
En una rueda de prensa, el mandatario afirmó que su gobierno “ya tiene bajo control el mar” y que ahora “tiene en la mira la parte terrestre”, una frase que generó preocupación internacional y un fuerte rechazo en Venezuela.
Trump defendió la expansión de sus operativos antinarcóticos en el Caribe, asegurando que cada embarcación destruida representa “25,000 vidas estadounidenses salvadas”. Según explicó, las fuerzas de EE.UU. llevan varios días sin detectar nuevos barcos tras el llamado “ataque cinético” contra una presunta narcolancha que dejó seis muertos. No obstante, los videos difundidos por las autoridades muestran embarcaciones pequeñas, en contraste con la descripción de “barcos grandes y costosos” ofrecida por el presidente.
Desde septiembre, las operaciones estadounidenses han dejado 27 personas muertas en aguas cercanas a Venezuela, todas ellas señaladas por Washington como presuntos narcotraficantes.
Nicolás Maduro calificó los ataques como una “agresión armada” y denunció que se trata de una ofensiva para imponer un “gobierno títere” y apropiarse de los recursos naturales venezolanos. Caracas sostiene que Estados Unidos utiliza el combate al narcotráfico como excusa para justificar su presencia militar en el Caribe.
La escalada de declaraciones y ataques ha encendido la alarma en la región. Para muchos latinos en EE.UU., un conflicto directo con Venezuela podría tener efectos económicos y humanitarios profundos, exacerbando la migración y golpeando a comunidades que aún mantienen lazos familiares y comerciales con su país de origen.
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