En una jornada marcada por maniobras políticas aceleradas y mensajes cruzados, el Congreso de Estados Unidos envió a la Casa Blanca un proyecto de ley que obliga al Departamento de Justicia a divulgar todos los archivos relacionados con Jeffrey Epstein. Mientras avanza el documento hacia el escritorio del presidente Donald Trump, su reacción pública y el clima en el Capitolio añaden tensión a un tema que se ha convertido en un foco de presión política y mediática.
El Senado aprobó la iniciativa mediante consentimiento unánime apenas llegó desde la Cámara de Representantes, donde la votación dejó un contundente 427 a favor y 1 en contra. El líder demócrata Chuck Schumer destacó el momento con una breve frase celebratoria: “El Senado ahora ha aprobado el proyecto de ley de Epstein tan pronto como llega de la Cámara”. Desde la Casa Blanca, un funcionario adelantó a Reuters que Trump firmará la medida “cuando llegue a la Casa Blanca”.
La única oposición provino del republicano Clay Higgins, quien afirmó que su voto negativo respondía a principios. “Este tipo de revelación masiva… sin duda perjudicará a personas inocentes”, advirtió tras la votación. Su postura, sin embargo, quedó aislada en un ambiente donde incluso legisladores cercanos al presidente cambiaron de rumbo ante la presión pública y de sobrevivientes.
Trump, quien hasta hace días calificaba el asunto como “un engaño de los demócratas”, ha mostrado irritación ante la atención mediática sobre Epstein. Durante un intercambio con la reportera de ABC News Mary Bruce, el presidente arremetió diciendo: “Creo que eres un pésimo periodista” y cuestionó la licencia de la cadena. Paralelamente, en Truth Social pidió a los republicanos no “perder de vista todas las victorias” de su administración.
La aprobación del proyecto ocurre mientras nuevos documentos divulgados por el Comité de Supervisión reactivan el escrutinio sobre políticos y celebridades vinculados a Epstein, y mientras figuras como Marjorie Taylor Greene insisten en que “la verdadera lucha ocurrirá después”. El tema continúa fracturando alianzas dentro del Congreso y exponiendo tensiones entre el liderazgo republicano y la base conservadora.
El avance legislativo abre ahora un escenario donde la Casa Blanca deberá equilibrar presión pública, promesas políticas y el inevitable impacto que tendrá la publicación de los archivos en la esfera nacional.
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