En una temporada en la que históricamente se esperaba un estallido de actividad comercial, desde largas filas hasta ofertas irrepetibles, el panorama actual muestra señales claras de un cambio profundo en los hábitos de consumo y en la estrategia del comercio minorista.
El Black Friday, antes sinónimo de “precios bajísimos” y multitudes dispuestas a pelear cada descuento, atraviesa un desgaste que expertos atribuyen a la extensión desmedida del evento. “La integridad del evento prácticamente ha desaparecido”, afirmó Mark Cohen, exdirector ejecutivo de Sears Canadá consultado por la cadena estadounidense CNBC, al señalar que lo que antes era una oferta única ahora se diluye con promociones continuas que mejoran “a medida que se acerca la fecha”. La experiencia presencial, antes eje de la jornada, se debilita mientras crecen las compras en línea y el tráfico peatonal permanece estancado, según datos de la Federación Nacional de Minoristas y Placer.ai.
Los grandes jugadores del comercio, como Walmart, Target y Macy’s, han modificado su estrategia con lanzamientos anticipados, eventos escalonados e incluso cierres durante Acción de Gracias acompañados de ofertas digitales.
El desgaste también responde al cansancio de los compradores frente a descuentos cuya autenticidad es cuestionada. Marcas como Gap, Levi Strauss y Under Armour iniciaron sus ventas incluso desde el Día de Acción de Gracias, con rebajas similares a las de principios de temporada. “La idea de crear urgencia es un poco absurda”, añadió Cohen. “El trato es una especie de estafa”.
Este declive no elimina el interés por comprar, pero sí redefine las expectativas: los consumidores buscan previsibilidad y transparencia en un entorno donde las promociones dejaron de ser un momento excepcional y se convirtieron en ruido constante dentro del calendario comercial.
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