El calendario económico volvió a ofrecer una lectura clave en un momento marcado por la cautela de los mercados y la atención puesta en cada dato oficial. Aunque el informe llegó con retraso y bajo circunstancias poco habituales, su contenido fue suficiente para generar movimientos inmediatos en acciones, bonos y expectativas de política económica.
Los precios al consumidor en noviembre subieron a una tasa anual del 2.7%, por debajo del 3.1% que anticipaban los economistas consultados por Dow Jones, según el informe atrasado de la Oficina de Estadísticas Laborales. El índice de precios al consumidor básico, que excluye alimentos y energía, también sorprendió al ubicarse en 2.6% interanual, frente a la previsión de 3%. En términos mensuales, tanto el IPC general como el subyacente avanzaron 0.2%, por debajo del 0.3% esperado.
Se trató del primer informe que cubre el período del cierre del gobierno federal, lo que obligó a la BLS a publicar datos incompletos tras la cancelación del reporte de octubre. La agencia explicó que “no pudo recopilar retroactivamente los datos de octubre”, aunque recurrió a fuentes no basadas en encuestas para completar los cálculos.
En el desglose anual, los precios de los alimentos subieron 2.6% y los de la energía 4.2%. El costo de la vivienda, que representa cerca de un tercio del índice, aumentó 3%, un dato seguido de cerca por la FED en su evaluación del objetivo inflacionario del 2%.
Pese a las limitaciones del informe, los mercados reaccionaron con optimismo. “Un IPC moderado reforzará el enfoque de la Reserva Federal en proteger el mercado laboral”, señaló Tom Lee, jefe de análisis de Fundstrat, al advertir que la autoridad monetaria ya cuenta con una “opción” para responder si aumentan los riesgos a la baja.
Tras la publicación, los futuros del S&P 500 subieron cerca de 0.5%, mientras el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años descendió a alrededor de 4.11%. Aunque las probabilidades de un recorte de tasas en enero siguen siendo bajas, el CME FedWatch mostró que la expectativa de una reducción en marzo subió a 58.3%.
El informe de inflación favorece parcialmente a la gestión Trump, aunque no de forma concluyente. La desaceleración del IPC al 2.7% refuerza el discurso de la Casa Blanca de que las presiones inflacionarias están cediendo, lo que permite atribuirse un entorno económico más estable y respaldar la narrativa de “precios a la baja” promovida por el presidente. Además, abre espacio para eventuales recortes de tasas, un escenario políticamente favorable.
No hay que perder de vista que el impacto positivo se puede diluir ante las limitaciones técnicas del informe, su publicación atrasada y la ausencia de datos comparables de octubre, reducen su peso como prueba sólida de una tendencia. En suma, ayuda al mensaje político, pero no lo consolida.
El informe, aun con sus vacíos, volvió a colocar a la inflación en el centro de las decisiones financieras y dejó claro que cada señal, por pequeña que sea, puede inclinar el pulso entre cautela y alivio en la economía estadounidense.
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