En los mercados financieros, hay momentos en los que ciertos activos comienzan a llamar la atención no solo por sus cifras, sino por el contexto que los rodea. A lo largo del último año, varios indicadores se movieron con una intensidad inusual, obligando a analistas e inversionistas a replantear viejas certezas y a observar con mayor atención señales que antes parecían secundarias.
El oro fue uno de los grandes protagonistas de 2025. El metal precioso alcanzó un máximo histórico de $4,529 el 26/12/25, coronando un avance que sorprendió incluso a los expertos más optimistas del sector. Desde los $2,606 registrados en diciembre del año anterior, el precio se disparó más de 66%, su mejor rendimiento anual desde 1979, y cerró el año en torno a los $4,325. El movimiento fue acompañado por una debilidad marcada del dólar, con el índice del Wall Street Journal cayendo más de 6%, su peor desempeño desde 2017.
De cara a 2026, varias firmas de Wall Street mantienen una visión constructiva. Bank of America considera que el oro podría alcanzar los $5,000 por onza, impulsado por las compras persistentes de los bancos centrales, el aumento de los déficits ligados a la política fiscal de Estados Unidos y un dólar más débil. “Creo que todavía hay poca inversión en este momento. Y los mercados del oro normalmente no terminan por sobrecompra, sino porque los motivos subyacentes que iniciaron el mercado alcista se han disipado, y sinceramente, eso no lo vemos”, afirmó Michael Widner, estratega del banco. No obstante, advirtió que “una postura agresiva por parte de la FED es un riesgo”.
El repunte no se limitó al oro. La plata avanzó más de 142% en el año, mientras que el cobre ganó más de 41%, su mayor subida anual desde 2009. Stephanie Pomboy, presidenta de MacroMavens, sostuvo que el impulso podría continuar: “La expansión del balance general es una devaluación monetaria absoluta y no hay nada mejor para los metales preciosos que eso”.
La FED recortó las tasas en diciembre por tercera vez en 2025 y anunció compras de bonos del Tesoro por $40,000 millones en el primer mes, una señal que muchos interpretan como un respaldo adicional para los activos tangibles. Con ese telón de fondo, el brillo de los metales enfrenta ahora el desafío de sostenerse en un escenario monetario y fiscal que sigue en plena transformación.
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