Durante semanas, imágenes difundidas en redes sociales captaron escenas que reflejaban una creciente incomodidad en los vuelos comerciales, reavivando el debate sobre hasta dónde pueden llegar las aerolíneas en su búsqueda de eficiencia. Lo que comenzó como una prueba operativa terminó convirtiéndose en un problema reputacional que obligó a una de las principales aerolíneas de Canadá a rectificar públicamente.
WestJet Airlines anunció que revertirá la reconfiguración de cabinas económicas que redujo de forma significativa el espacio entre asientos en algunos Boeing 737. La medida, implementada a finales de octubre, había comprimido la distancia entre filas hasta 71 cm con el objetivo de añadir una fila adicional de asientos y aumentar la capacidad. Además, los nuevos asientos no eran reclinables, dejando esa opción únicamente para pasajeros dispuestos a pagar un cargo extra.
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“Luego de una revisión de los datos operativos y los comentarios de los huéspedes y los usuarios de WestJet, la aerolínea volverá a su distribución estándar anterior entre asientos”, señaló la compañía en un comunicado. Como parte del ajuste, WestJet eliminará la fila adicional y transformará los aviones de 180 asientos en configuraciones de 174, aunque los plazos aún no han sido definidos.
Videos virales mostraron a pasajeros con las rodillas presionadas contra el asiento delantero, lo que generó una oleada de críticas sobre comodidad y seguridad. De acuerdo con Reuters, pilotos y auxiliares de vuelo también expresaron su preocupación por la capacidad de evacuar la aeronave en una emergencia.
Alia Hussain, presidenta del sindicato que representa al personal de cabina, afirmó que la decisión inicial “creó un ambiente de trabajo hostil para nosotros como personal de cabina”, al tener que gestionar constantes quejas y reubicar a pasajeros más altos.
El director ejecutivo del Grupo WestJet, Alexis von Hoensbroech, defendió el espíritu experimental de la aerolínea, pero reconoció el error: “Es igualmente importante reaccionar con rapidez si no satisfacen las necesidades de nuestros pasajeros”.
El repliegue de WestJet deja una señal clara para la industria: la presión por reducir costos y ofrecer tarifas competitivas tiene límites cuando la experiencia del pasajero se convierte en el centro del descontento y la seguridad entra en la conversación pública.
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