Las cifras no solo son históricas, también inquietantes. En medio de un año electoral y bajo la presión de mercados atentos, la trayectoria fiscal de Estados Unidos apunta a un punto de inflexión que podría redefinir su estabilidad económica en la próxima década.
Un nuevo informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) proyecta que los déficits federales crecerán de $1.9 billones en el año fiscal 2026 a $3.1 billones en 2036. Como resultado, la deuda federal bruta aumentaría de $39.4 billones a $63 billones en ese mismo período, mientras que la deuda en manos del público pasaría de $32 billones a $56 billones.
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El peso de la deuda y el riesgo estructural
Según la CBO, la deuda pública alcanzará el 108% del PIB en 2030, superando el récord del 106% registrado en 1946 tras la Segunda Guerra Mundial. Para 2036, esa proporción escalaría al 120%. Además, se prevé que la deuda crezca más rápido que la economía, lo que podría “ralentizar el crecimiento económico y reducir la inversión privada”.
“La posición fiscal de Estados Unidos sería más vulnerable a un aumento de las tasas de interés, porque cuanto mayor es la deuda, más aumenta un aumento de las tasas de interés los costos del servicio de la deuda”, advirtió la CBO. El riesgo de una crisis fiscal —donde los inversionistas pierdan confianza— podría traducirse en “un aumento abrupto de las tasas de interés y otras perturbaciones económicas”.
Los costos netos de intereses subirían de poco más de $1 billón en 2026 (3.3% del PIB) a más de $2.1 billones en 2036 (4.6% del PIB), representando casi el 19% del gasto federal.
Michael Peterson calificó el informe como “una advertencia urgente a nuestros líderes sobre el costoso camino fiscal de Estados Unidos”, y subrayó que “estabilizar nuestra deuda es esencial para mejorar la asequibilidad”. Por su parte, Maya MacGuineas afirmó: “Aquí no hay sorpresas ni noticias alentadoras: los déficits, la deuda, los pagos de intereses y los fondos fiduciarios de nuestra nación están en una situación terrible”.
El debate fiscal ya no es teórico; se ha convertido en una cuestión estratégica que definirá la capacidad del país para responder a futuras crisis sin comprometer su estabilidad financiera.
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