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Durante décadas, la imagen de la alimentación saludable en Estados Unidos fue clara, casi inamovible. Ahora, una nueva representación oficial vuelve a poner ese consenso en discusión y reabre un debate que va más allá de los hábitos alimentarios, tocando ciencia, política y salud pública.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) presentó esta semana una pirámide alimentaria invertida que altera de forma radical las recomendaciones tradicionales. En el nuevo esquema, la carne, las grasas, las frutas y las verduras ocupan la parte superior —la más ancha— mientras que los cereales integrales pasan a la base más estrecha.

El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., defendió el cambio como parte de su agenda “Hacer que Estados Unidos vuelva a ser saludable”, afirmando que “los alimentos integrales y ricos en nutrientes son la vía más eficaz para mejorar la salud y reducir los costos de atención médica”.

Respaldo de figuras influyentes

El anuncio fue celebrado por voces influyentes del ámbito científico y médico. El neurocientífico de Stanford, Andrew Huberman, compartió el gráfico oficial y comentó: “Suponiendo que se controlen las calorías totales y que la gente haga ejercicio y reciba sol, esto parece perfecto”. Añadió que “quizás podrías aumentar un poco las verduras y agregar alimentos fermentados bajos en azúcar”.

Huberman también subrayó que el diagrama no obliga a consumir todos los alimentos incluidos: “No me verán bebiendo leche ni comiendo camarones… simplemente no me gustan”. En la misma línea, el ex comisionado de la FDA, David Kessler, señaló que “comer más alimentos integrales y reducir los carbohidratos altamente procesados es un avance importante”. Desde la Asociación Médica Estadounidense, su presidente Bobby Mukkamala afirmó que las pautas “afirman que los alimentos son medicina”.

Las criticas también han llegado

Christopher Gardner, experto en nutrición de Stanford, fue contundente: “Estoy muy decepcionado con la nueva pirámide que coloca las carnes rojas y las grasas saturadas en la cima… Va en contra de décadas de evidencia”.

Las nuevas directrices también recomiendan una mayor ingesta de proteínas, de 1.2 a 1.6 gramos por kilogramo de peso corporal, frente al mínimo previo de 0.8 g/kg, y declaran una “guerra” al azúcar añadido, con un límite de 10 mg por comida.

Más allá de apoyos y críticas, el rediseño marca un punto de inflexión en la política nutricional federal y deja claro que el debate sobre qué significa comer sano en Estados Unidos está lejos de cerrarse.

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