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En medio de un creciente malestar diplomático, el gobierno italiano ha lanzado una ofensiva política y comercial para frenar un nuevo arancel que podría golpear a uno de sus productos más emblemáticos: la pasta. Roma pidió formalmente a Washington que reconsidere la imposición de un gravamen adicional del 91.74%, medida que, de aplicarse, duplicaría el costo de sus exportaciones al mercado estadounidense.

El Ministerio de Relaciones Exteriores italiano confirmó que trabaja junto a la Comisión Europea para revertir la decisión del Departamento de Comercio de Estados Unidos, que acusó a dos fabricantes italianos de vender su producto por debajo del valor justo de mercado entre julio de 2023 y junio de 2024. El nuevo arancel se sumaría al impuesto del 15% ya existente sobre las importaciones de la Unión Europea y entraría en vigor en enero de 2026.

Italia calificó la medida de “injustificada” y aseguró que brindará asistencia legal a las empresas afectadas a través de su embajada en Washington. Estados Unidos es uno de los tres mayores destinos para la pasta italiana, con exportaciones valoradas en $800 millones anuales. En total, Italia exportó en 2024 más de $4,700 millones en pasta, equivalentes a 2.5 millones de toneladas, según la agencia ISTAT.

La tensión comercial se produce mientras Confindustria, el mayor gremio empresarial italiano, revisa a la baja sus previsiones de crecimiento, alertando que las nuevas tarifas estadounidenses podrían dañar seriamente las exportaciones y frenar la recuperación económica del país.

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