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El director del Centro Nacional Antiterrorista de Estados Unidos, Joe Kent, presentó su dimisión tras cuestionar abiertamente la decisión de la administración Trump de iniciar acciones militares contra Irán, alegando que no existía una amenaza inminente.

Kent, quien había asumido el cargo en julio tras una confirmación ajustada en el Senado, sostuvo que no podía respaldar el conflicto “en conciencia”. En su salida, también sugirió que la presión de Israel influyó en la postura estadounidense, un señalamiento que fue rápidamente rechazado por la Casa Blanca.

El presidente Donald Trump respondió con dureza, afirmando que Irán sí representaba un riesgo y que su administración contaba con evidencia sólida. Desde el gobierno insistieron en que la decisión se tomó bajo criterios de seguridad nacional y no por presiones externas.

La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, calificó las declaraciones de Kent como falsas y alineadas con narrativas políticas opositoras, mientras que aliados republicanos, como el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, respaldaron la existencia de inteligencia que apuntaba a una amenaza inminente vinculada al avance nuclear iraní.

La renuncia deja al descubierto tensiones dentro del aparato de seguridad estadounidense, particularmente en un momento en que el Centro Nacional Antiterrorista —encargado de coordinar la lucha contra el terrorismo y asesorar directamente al presidente— juega un papel clave en la estrategia global del país.

Kent, veterano del Ejército y exoficial de la CIA con múltiples despliegues en Oriente Medio, ya era una figura controvertida por sus posturas políticas y declaraciones previas sobre temas sensibles como las elecciones de 2020 y el asalto al Capitolio.

El episodio también refleja una división más amplia en Washington. Algunos legisladores demócratas y sectores aislacionistas han cuestionado la necesidad de una nueva intervención en Medio Oriente, mientras que figuras cercanas a Trump defienden una postura más agresiva frente a Irán.

Para los mercados y la economía, este tipo de fracturas internas suele aumentar la incertidumbre geopolítica, con efectos directos en precios del petróleo y costos energéticos. Esto puede trasladarse a mayores gastos en transporte y alimentos, afectando especialmente a trabajadores y pequeños negocios en Estados Unidos, incluidos muchos dentro de la comunidad hispana.

Además, una escalada prolongada en la región podría impactar sectores con alta participación laboral latina —como logística, construcción y servicios— si se traduce en desaceleración económica o ajustes en el gasto público.

La salida de Kent ocurre en un momento clave, con audiencias pendientes en el Congreso y creciente escrutinio sobre la estrategia exterior de la administración, lo que sugiere que el debate sobre el conflicto con Irán está lejos de resolverse.

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