Donald Trump asumió la presidencia de los Estados Unidos en una ceremonia inusual, al prestar juramento sin colocar su mano sobre la Biblia, una tradición histórica en las inauguraciones presidenciales.
El juramento, administrado por el presidente de la Corte Suprema, John Roberts, cumplió con los requisitos constitucionales, que no exigen el uso de una Biblia, sino simplemente la recitación de las palabras establecidas.
Este hecho no es sin precedentes. En 1901, Theodore Roosevelt prestó juramento sin una Biblia, y Lyndon B. Johnson utilizó un libro litúrgico cuando asumió la presidencia a bordo del Air Force One tras el asesinato de John F. Kennedy en 1963.
En su discurso inaugural, Trump recordó el intento de asesinato que sufrió en julio pasado durante un mitin en Butler, Pensilvania. “Mi vida fue salvada por una razón”, afirmó, destacando que la bala disparada por su agresor “atravesó mi oreja”. Trump aseguró que este evento lo fortaleció en su misión de “hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande”.
Sus palabras generaron una respuesta emotiva de la audiencia, que se levantó para aplaudir. Trump atribuyó su supervivencia a la intervención divina, reforzando su mensaje de liderazgo inspirado en su fe y determinación.
El acto inaugural subrayó los desafíos y la resiliencia que han marcado el camino político de Trump.