Una rebaja de impuestos siempre suena bien. Pero cuando el beneficio parece diseñado solo para quienes compran autos de lujo, las promesas de alivio se diluyen en una factura con muchas letras pequeñas.
La “Gran y Hermosa” promesa fiscal
El plan republicano busca cumplir una de las promesas de campaña del presidente Donald Trump: ofrecer una deducción de hasta $10,000 en intereses anuales por préstamos para automóviles nuevos, como parte de la llamada “Ley de una Gran y Hermosa Ley”. Esta exención estaría vigente hasta 2028. Pero según expertos, el beneficio real sería mínimo para la mayoría de los hogares estadounidenses.
Jonathan Smoke, economista jefe de Cox Automotive, fue claro: “Es bastante raro” que los préstamos para autos generen intereses por $10,000 anuales. De hecho, solo el 1% de los préstamos nuevos alcanzan ese nivel, y suelen financiar autos de gama muy alta como Ferrari, Bentley, Rolls-Royce o McLaren.
¿Cuánto hay que gastar para deducir todo?
Según cálculos de Smoke, se necesitaría un préstamo de aproximadamente $112,000 para aprovechar al máximo la deducción en el primer año. Bajo un interés promedio del 9.5%, con un plazo de 72 meses, eso implicaría un precio de vehículo cercano a los $130,000 y cuotas mensuales superiores a los $2,000.
Modelos como el Porsche Panamera o el Cadillac Escalade entran en ese rango. Pero la mayoría de los consumidores no alcanza esas cifras: el préstamo promedio actual ronda los $43,000, lo que permitiría deducir alrededor de $3,000 el primer año y unos $2,000 anuales durante el resto del préstamo.
Limitaciones que reducen el alcance
Además, el plan fiscal incluye límites de ingresos. Los beneficios se reducen a partir de los $100,000 anuales por individuo (o $200,000 por pareja), y se eliminan por completo al superar los $150,000 (o $250,000 por pareja), según el Instituto de Impuestos y Política Económica. Es decir, quienes podrían pagar un auto de $130,000 probablemente no calificarían para el beneficio total.
Otro requisito clave es que el vehículo debe ser ensamblado en Estados Unidos, lo que restringe aún más la cantidad de modelos elegibles.
¿Cuánto se ahorra realmente?
Aunque una deducción de $3,000 pueda sonar significativa, no implica que el comprador reciba ese dinero. “Los cálculos indican básicamente que se trata de un beneficio [financiero] de $500 o menos en el primer año”, explicó Smoke, una cantidad inferior al pago mensual promedio de un préstamo nuevo.
En otras palabras, el alivio es más simbólico que efectivo para el consumidor promedio.
Un guiño a una minoría privilegiada
A pesar de la narrativa oficial de alivio para los conductores, los números muestran que esta deducción fiscal favorece a un grupo muy reducido de compradores con préstamos de seis cifras. En un contexto donde el acceso a un auto nuevo ya supone un desafío económico para millones, el plan despierta críticas por estar diseñado más para unos pocos que para el grueso de la población.
Mientras el Congreso evalúa la medida, la “gran y hermosa” deducción corre el riesgo de convertirse en otra promesa que no llega al volante del ciudadano común.
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