Stephan Winkelmann reconoció que incluso los clientes más acaudalados aplazan la compra de superdeportivos mientras persista la incertidumbre comercial.
Las tensiones arancelarias entre Estados Unidos y Europa están golpeando también al segmento del lujo automotriz. Stephan Winkelmann, director ejecutivo de Lamborghini, señaló que muchos compradores han decidido retrasar pedidos hasta que quede claro el nivel final de impuestos a la importación.
Actualmente, los autos europeos pagan un 27,5% de arancel al ingresar al mercado estadounidense, pese a que Washington y Bruselas anunciaron un pacto preliminar para rebajarlo al 15%. Con un precio base cercano a los 400.000 dólares, la diferencia es lo bastante significativa como para frenar operaciones, incluso entre clientes de alto poder adquisitivo.
El ejecutivo remarcó que la exclusividad “Made in Italy” es intocable, por lo que no contemplan fabricar en EE.UU. Aun así, admitió que los aumentos de precios pesan en la decisión de los compradores: “Quienes acumulan grandes fortunas también son estratégicos con su dinero”.
La compañía, propiedad de Audi (Grupo Volkswagen), cuenta con un colchón de pedidos firmados con hasta dos años de antelación, lo que la protege de un descenso inmediato en la demanda. Este verano comunicó subidas de entre 7% y 10% en sus modelos principales y cerró 2024 con ingresos récord de 3.500 millones de dólares tras entregar 10.867 unidades.
El futuro eléctrico de Lamborghini sigue en evaluación. El plan era lanzar un gran turismo 100% eléctrico en 2028, pero la ralentización en la adopción de vehículos eléctricos podría retrasar esa apuesta: la opción de presentarlo primero como híbrido está sobre la mesa.
En paralelo, la marca refuerza su halo de exclusividad. Durante la Monterey Car Week presentó el Fenomeno, su modelo más veloz y potente hasta ahora, con 1080 caballos y solo 29 unidades disponibles.
El perfil de su clientela también está cambiando: hoy la edad media de un comprador de Lamborghini es menor de 45 años —y en Asia, baja de los 30—, con un número creciente de mujeres atraídas por el SUV Urus y programas especiales como She Drives a Lambo.
Aunque el superlujo es un nicho, la evolución de los aranceles automotrices preocupa a sectores más amplios de la economía. Para miles de hispanos empleados en concesionarios, talleres y cadenas de suministro de autopartes en EE.UU., la política comercial no es un detalle secundario: puede influir en precios, empleo y competitividad en toda la industria automotriz.
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