En los pasillos de Washington, el murmullo se transformó en un estruendo: un paquete de recortes sin precedentes acaba de tomar forma. Tras medio siglo en que ningún presidente se atrevió a usar la Ley de Control de Embargos, Donald Trump ha decidido empuñar esa herramienta para marcar un antes y un después en el manejo de las finanzas públicas.
Golpe a las organizaciones internacionales
El mandatario anunció la eliminación de $3,200 millones de la cuenta de Asistencia para el Desarrollo de USAID. Según la Casa Blanca, esos fondos habían terminado financiando iniciativas “antitéticas a los valores estadounidenses”, desde proyectos de resiliencia climática en Honduras y biodiversidad en África Occidental hasta programas de repostería y belleza en Zimbabwe.
“Durante demasiado tiempo los contribuyentes han cargado con los excesos progresistas de USAID”, señaló un comunicado, aludiendo a gastos como $24.6 millones en Honduras o $38.6 millones en África Occidental para iniciativas climáticas.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, confirmó este viernes el final de la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID):
“Desde enero, les hemos ahorrado a los contribuyentes decenas de miles de millones de dólares. Y con un pequeño conjunto de programas esenciales transferidos al Departamento de Estado, USAID está oficialmente en fase de cierre”, escribió Rubio en su cuenta de X.
La tijera también alcanzó el Fondo para la Democracia, con un recorte de $322 millones. Allí, el gobierno apuntó contra proyectos que “socavan los valores estadounidenses”, mencionando financiamiento a la Fundación Democracy Works en Sudáfrica, que promovió artículos como “El problema de la blancura”, o $4 millones para programas de “conciencia global LGBTQI+”. Trump defendió la medida asegurando que es momento de “devolver al pueblo el control de su dinero”.
Otro blanco fue la financiación de organismos multilaterales, con $521 millones menos en contribuciones. Se destacan $75 millones anuales retirados a la UNESCO y $107 millones a la Organización Internacional del Trabajo, acusadas de actuar contra los intereses de Estados Unidos. También se recortaron aportes a la Organización Mundial del Comercio, al Consejo del Plan Colombo y a la Organización Panamericana de la Salud. “No seguiremos financiando estructuras que han promovido antisemitismo, fraude comercial o trabajo forzado”, afirmó la administración.
Paz cuestionada y seguridad bajo revisión
Los programas de mantenimiento de paz de la ONU tampoco salieron indemnes: $393 millones de la cuenta CIPA y $445 millones de Operaciones de Mantenimiento de la Paz fueron cancelados. La Casa Blanca denunció abusos sexuales, trata de personas y fracasos estratégicos en misiones en Congo, República Centroafricana y Mali. También quedaron fuera millones destinados a vehículos blindados para Uruguay, cuarteles en Kazajstán y programas piloto en Ghana.
“Estados Unidos ha pagado el doble para sostener un sistema roto”, criticó la administración, asegurando que la diplomacia de “América Primero” ha logrado más resultados que la ONU en décadas.
El recorte total de $5,000 millones, que Trump calificó como “histórico”, se convierte en la primera gran aplicación de la Ley de Control de Embargos en 50 años. Con esta decisión, el presidente busca enviar un mensaje claro: “el dinero de los contribuyentes no se seguirá desperdiciando en agendas globalistas ni en proyectos que no benefician a Estados Unidos”.
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