Un dato inquietante sacudió a los analistas este viernes: la confianza del consumidor en Estados Unidos cayó en septiembre a 55.4 puntos, frente a los 58.2 del mes anterior y muy por debajo de las previsiones de mercado, que esperaban al menos 58. Se trata del nivel más bajo desde mayo, acercándose a mínimos históricos vistos en épocas de recesión.
“El consumidor ya no quiere gastar, está asustado por esos precios tan altos”, comentó Alejandro Nava durante un programa económico. Comparó la experiencia de comprar alimentos con “ir a la tienda del terror”, donde la carne, la leche y el queso reflejan la presión inflacionaria.
La caída no solo afectó a las condiciones actuales, que descendieron a 61.2, sino también a las expectativas, que se hundieron de 55.5 a 51.9, mostrando un pesimismo marcado sobre los próximos meses.
Más preocupante aún fueron las proyecciones de inflación. A cinco años, las expectativas saltaron a 3.9% desde el 3.5% de agosto, mientras que a un año se mantuvieron en 4.8%. Según Nava, estos números “no dejan excusas a Jerome Powell” para retrasar un recorte en las tasas de interés. Se especula que la FED podría optar por un ajuste de 0.25%, aunque no se descarta un movimiento de 0.50% si las presiones se intensifican.
El presidente Donald Trump ha insistido en que la FED reduzca las tasas para compensar el impacto de los aranceles. El riesgo ahora es que las percepciones de inflación alta se conviertan en una “profecía autocumplida”, limitando las opciones del banco central en lo que resta de 2025.
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