Primero fueron videos virales y recetas caseras; después, filas en mostradores que pocos asociaban con innovación. Lo que parecía una moda pasajera se transformó en un fenómeno dulce y colorido que ya influye en menús, pasillos de supermercado y planes de marketing de gigantes del sector.
Nacidos en Swig (Utah) en 2010, los “dirty soda” mezclan refresco con jarabes, crema u otros ingredientes. Impulsados por TikTok y realities, saltaron de las barras a las grandes marcas: PepsiCo presentará en Chicago bebidas listas para tomar inspiradas en esta tendencia —Dirty Dew y Mug Floats Vanilla Howler— tras el impulso de Pepsi Wild Cherry & Cream. Para su área de bebidas, el auge evoca las viejas fuentes de soda y los clásicos floats.
El contagio también alcanza a restaurantes y comida rápida. Según Datassential, 2.7% de los locales en EE.UU. ya ofrece refrescos con crema o leche, frente a 1.5% hace una década. TGI Fridays probó versiones con sabor a alcohol; McDonald’s testea gaseosas saborizadas —como el “Sprite Lunar Splash”— en más de 500 tiendas tras cerrar CosMc’s; Taco Bell lanzó por tiempo limitado una “sucia” Mountain Dew Baja Blast.
Swig, hoy con más de 140 locales en 16 estados, reporta ventas comparables al alza de 8.2%. Competidores como Erica Holland-Toll, Fiiz y Cool Sips, además de cadenas como Dutch Bros, replican el formato: personalización sencilla usando la fuente de soda y un “toque” de crema, explica la consultora Erica Holland-Toll, quien subraya que el espresso es logísticamente más complejo. La propuesta, con menos cafeína que el café y colores llamativos, suma atractivo para audiencias que llegan por TikTok.
Los números sugieren un giro: el consumo de soda, que tocó techo en 2004 con 15,300 millones de galones y bajó a 11,870 millones en 2024, podría repuntar a 11,880 millones en 2025. Para Keurig Dr Pepper, casi tres cuartas partes de la Gen Z prueban una bebida nueva al mes; lanzamientos como Dr Pepper Creamy Coconut y Pepsi Wild Cherry & Cream actúan como “puertas de entrada”. Y, como resume Circana, es un “capricho asequible”: no cuesta $30 o $50, pero sí genera “wow”.
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