La aparente calma que rodeaba la economía china empezó a mostrar grietas en el tercer trimestre de 2025, cuando Pekín reveló cifras que despertaron inquietud entre los analistas y los socios comerciales. Aunque los indicadores siguen en terreno positivo, el avance del gigante asiático perdió ritmo y reavivó las expectativas de un mayor apoyo estatal.
El producto interno bruto creció 4.8% interanual entre julio y septiembre, frente al 5.2% del trimestre anterior. Aun así, China mantiene un crecimiento acumulado de 5.2% en los primeros nueve meses del año, lo que la deja cerca de su meta oficial de 5.0% para 2025. Sin embargo, los mercados perciben señales de fatiga, especialmente en el gasto de los hogares y la inversión inmobiliaria, que cayó 13.9% entre enero y septiembre.
El gobierno del gigante asiático enfrenta un entorno internacional complejo. Tras imponer controles a las exportaciones de tierras raras, Donald Trump amenazó con nuevos aranceles de 100% a los productos chinos, agravando la tensión comercial entre ambas potencias. Mientras tanto, Pekín intenta sostener la demanda interna con subsidios y estímulos, aunque las ventas minoristas apenas crecieron 3,0% en septiembre.
Los analistas advierten que la deflación y la competencia desmedida siguen restando impulso al consumo, y estiman que Beijing deberá aplicar medidas más agresivas si quiere preservar el empleo y la estabilidad financiera.
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