Un nuevo giro en la política comercial de Estados Unidos comienza a tomar forma, impulsado por una estrategia que busca ampliar su influencia económica en la región y abrir el acceso a productos que el país no produce en cantidades suficientes. La iniciativa llega acompañada de una serie de compromisos políticos y regulatorios que apuntan a fortalecer vínculos en un momento clave para la relación hemisférica.
La Casa Blanca anunció nuevos acuerdos marco con Ecuador, El Salvador y Guatemala que serán firmados en las próximas semanas. Con Argentina ya se había anunciado días atrás un paquete de beneficios comerciales bilaterales. Con respecto a Centroamérica se informó que Estados Unidos “eliminará los aranceles recíprocos que cumplen con los requisitos” tras determinar que estos países han adoptado “medidas significativas para impulsar una relación comercial más sólida y recíproca”. La medida abarcará exportaciones que no pueden cultivarse o producirse naturalmente en Estados Unidos, e incluirá textiles y prendas de vestir originarios del CAFTA-DR.
Un elemento adicional pesa en la relación con El Salvador, ya que Washington afirmó que podrá evaluar “positivamente el impacto del acuerdo en la seguridad nacional”, en referencia a la cooperación salvadoreña en la aprensión de presuntos delincuentes trasladados desde EE.UU.
Sobre Ecuador, la Casa Blanca destacó que Daniel Noboa y Donald Trump comparten una “visión de crecimiento basada en valores democráticos, la iniciativa privada y un entorno normativo para el comercio y la innovación”. Ecuador, según el comunicado, “se ha comprometido a reducir o eliminar los aranceles en sectores clave”. A su vez, El Salvador y Guatemala acordaron abordar barreras no arancelarias y adoptar “buenas prácticas regulatorias”.
Argentina, por su parte, eliminará licencias de importación, el impuesto estadístico y aceptará bienes estadounidenses sin evaluaciones adicionales si cumplen normas internacionales. Además, reforzará la lucha contra falsificaciones y alineará estándares de propiedad intelectual. El acuerdo con la nación austral incorpora aperturas agrícolas y digitales, incluyendo acceso para ganado vivo, ingreso de productos avícolas en un año y reconocimiento de EE.UU. como jurisdicción adecuada para transferencias de datos, junto a cooperación en minerales críticos y supervisión de empresas estatales.
Estados Unidos busca reforzar su influencia política en Latinoamérica mediante acuerdos que van más allá del comercio. Al ofrecer la eliminación de aranceles y mayor acceso a su mercado, Washington incentiva a estos países a alinearse con sus estándares regulatorios, tecnológicos y de seguridad.
La mención explícita a la “seguridad nacional” con El Salvador y la coordinación con Ecuador en “valores democráticos” muestran que EE.UU. condiciona estas ventajas a comportamientos políticos afines. Además, al promover normas de propiedad intelectual, control de subsidios y supervisión de empresas estatales, busca contrarrestar la expansión de modelos económicos impulsados por potencias como China. Estos pactos refuerzan la capacidad estadounidense de moldear agendas internas en la región.
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