En un escenario dominado por pantallas gigantes, supercomputadoras y discursos sobre el futuro del trabajo, líderes políticos y tecnológicos se reunieron para imaginar el próximo salto de la humanidad. Entre ovaciones y anuncios millonarios, la conversación dejó claro que la disputa ya no es solo por el petróleo o los datos, sino por quién controlará las fábricas de inteligencia que alimentarán al mundo digital.
De la economía del petróleo a las “fábricas de IA”
El ministro de Comunicaciones y Tecnologías de la Información de Arabia Saudita celebró lo que definió como “la mayor alianza entre el Reino de Arabia Saudita y Estados Unidos”, recordando que primero ambos países “construyeron una economía basada en la energía para la era industrial” y ahora quieren impulsar “la era de la inteligencia”, con plantas que alimenten fábricas de IA, robótica y vehículos eléctricos.
El funcionario destacó el nuevo marco estratégico de inteligencia artificial firmado bajo el patrocinio del presidente estadounidense y del príncipe heredero Mohammed bin Salman, mediante el cual el reino compromete capital, energía y tierra para “energizar el ecosistema de IA de Estados Unidos” con nodos de entrenamiento e inferencia y la meta de convertirse en “la nación más habilitada por IA”.
Musk: robots humanoides para eliminar la pobreza
Elon Musk tomó la palabra para subrayar que su filosofía no es tanto “disrupción” como creación. Recordó que cuando surgieron Tesla y SpaceX “no había autos eléctricos atractivos ni cohetes reutilizables”, y ahora aspira a repetir la historia con robots humanoides. “Hoy no existen robots humanoides realmente útiles, solo artilugios”, afirmó, antes de prometer que Tesla fabricará “los primeros robots humanoides verdaderamente útiles” y que será “la mayor industria de la historia, más grande que los teléfonos celulares”.
Musk aseguró que “la única manera de hacer que todos sean ricos es con IA y robótica” y vaticinó que, a largo plazo, el trabajo será “opcional”. Lo comparó con cultivar vegetales en el jardín: más difícil que comprarlos en la tienda, pero algo que la gente hará por gusto. Incluso imaginó un futuro en el que el dinero deje de ser relevante y las únicas restricciones sean la energía y la materia disponibles.
Huang defiende las “refinerías” y la productividad aumentada
Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, describió la IA como una nueva infraestructura global. Explicó que el mundo pasó de una computación basada en recuperar información a otra “generativa”, en la que el software se crea en tiempo real según el contexto y el usuario, lo que obliga a desplegar “fábricas de IA en todo el planeta” para producir contenido al instante.
Frente al temor a la destrucción de empleo, Huang sostuvo que, en el corto plazo, la IA hará a las personas “más productivas y, paradójicamente, más ocupadas”, porque permitirá ejecutar más ideas. Puso como ejemplo la radiología, donde los sistemas automatizados no eliminaron la profesión: “se contratan más radiólogos que antes”, dijo, porque ahora pueden revisar más estudios, usar más modalidades y atender a más pacientes.
Supercómputo en el desierto y chips en el espacio
La alianza saudí–estadounidense se traduce en proyectos concretos. Musk anunció que xAI y el reino construirán un centro de datos de 500 megavatios, con una primera fase de 50 megavatios, en asociación con Nvidia. Huang, por su parte, reveló acuerdos para que proveedores como AWS instalen infraestructura con ambición de llegar al gigavatio y para usar la plataforma Omniverse en fábricas y almacenes robotizados, además de supercomputadoras saudíes dedicadas a simular sistemas cuánticos.
Musk llevó la discusión más lejos, hacia la órbita terrestre. Argumentó que, si la civilización sigue avanzando, la IA en el espacio es “inevitable” y que, en un horizonte de cuatro o cinco años, la forma más barata de cómputo podría ser “satélites de IA alimentados por energía solar”, aprovechando que en el espacio “siempre es de día” y el enfriamiento se basa solo en radiación térmica.
¿Burbuja de IA o revolución inevitable?
Ante la pregunta de si el mundo se dirige a una burbuja, Huang respondió que lo que se vive es un cambio estructural: el fin práctico de la ley de Moore, el salto de la computación generalista a la acelerada y la migración de sistemas de recomendación y procesamiento de datos hacia enormes supercomputadoras de GPU. A su juicio, los enormes centros de datos que se están construyendo tienen “justificación plena” en esa transición.
El encuentro dejó la impresión de que la alianza entre Arabia Saudita y Estados Unidos pretende colocar a ambos países en el centro de esa nueva infraestructura invisible que moverá la economía global, en un futuro donde la inteligencia artificial estará tan extendida como la electricidad y redefinirá la forma en que trabajamos, producimos y exploramos el universo.
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