En Washington crece la incertidumbre sobre el rumbo de una de las iniciativas más ruidosas del actual gobierno, mientras funcionarios y exintegrantes de la administración confirman discretamente que una pieza clave del plan para reformar el aparato federal ya no funciona como antes. El cambio ocurre a ocho meses de que concluya el mandato presidencial.
El Departamento de Eficiencia Gubernamental, conocido como DOGE, fue creado en enero con la misión de reducir agencias, recortar presupuestos y reorientar funciones hacia las prioridades de Donald Trump. Pero Scott Kupor, director de la Oficina de Gestión de Personal, reconoció este mes que “eso no existe”, aclarando que ya no opera como “una entidad centralizada”.
La OPM ha asumido gran parte de las tareas de DOGE, según documentos revisados por Reuters, una señal de que la iniciativa perdió su estructura original pese a haber sido presentada con gran despliegue político.
DOGE había sido liderado inicialmente por Elon Musk, quien llegó a promocionar su labor sosteniendo una motosierra y declarando: “Esta es la motosierra de la burocracia”. El grupo aseguraba haber recortado decenas de miles de millones en gasto, afirmación imposible de verificar debido a la falta de reportes públicos detallados. La Casa Blanca defendió el proyecto: “El presidente Trump recibió un mandato claro para reducir el desperdicio, el fraude y el abuso… y continúa cumpliendo activamente ese compromiso”, afirmó la portavoz Liz Huston.
Mientras Musk se alejó del gobierno tras su enfrentamiento público con Trump en mayo, los indicios sobre el final de DOGE se multiplicaron. Trump habla de la oficina en pasado y varios de sus integrantes ahora ocupan otros puestos, como Joe Gebbia, encargado de mejorar la “presentación visual” de los sitios web federales. A la par, estados como Idaho y Florida impulsan entidades locales inspiradas en DOGE, aunque Kupor confirmó que “ya no hay ningún objetivo en materia de reducciones” a nivel federal y que la congelación de contrataciones quedó sin efecto.
La desaparición del programa evidencia cómo los grandes planes de reorganización gubernamental pueden diluirse en el tiempo, incluso cuando nacen acompañados de discursos contundentes y figuras influyentes. En este caso, el peso simbólico terminó superando la permanencia institucional.
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