En una semana marcada por tensiones políticas y nuevas interrogantes sobre seguridad nacional, declaraciones desde la Casa Blanca encendieron un intenso debate sobre el rumbo de la política migratoria estadounidense mientras el país aún procesaba la conmoción generada por un ataque armado cerca de la Casa Blanca.
El presidente Donald Trump anunció el jueves que implementará medidas migratorias “sin precedentes”, incluida una pausa indefinida a la migración desde lo que calificó como “países del tercer mundo”.
En publicaciones en Truth Social, afirmó que “detendría permanentemente la migración de todos los países del tercer mundo para permitir que el sistema estadounidense se recupere por completo”, sin especificar qué naciones entrarían en esa categoría, un término históricamente asociado a países con mayores niveles de pobreza e inestabilidad. También aseguró que cancelaría “millones” de admisiones otorgadas bajo la administración de Joe Biden y que eliminaría del país a “cualquiera que no sea un activo neto para Estados Unidos o que sea incapaz de amar a nuestro país”.
El presidente detalló que pretende terminar con todos los beneficios y subsidios federales para “no ciudadanos”, “desnaturalizar a los inmigrantes que socaven la tranquilidad doméstica” y deportar a cualquier extranjero que considere “una carga pública, un riesgo para la seguridad o no compatible con la civilización occidental”. Las declaraciones llegaron horas después de que dos miembros de la Guardia Nacional fueran atacados a tiros en Washington, D.C., uno de los cuales murió al día siguiente; autoridades indicaron que el agresor era un ciudadano afgano.
Tras el tiroteo, el director del Servicio de Ciudadanía e Inmigración, Joseph Edlow, afirmó en X que la agencia revisaría a cada titular de Tarjeta Verde proveniente de un “país de preocupación”. Además, la institución anunció la suspensión “inmediata e indefinida” de todas las solicitudes de inmigración vinculadas a ciudadanos afganos. Estas acciones se suman a la amplia prohibición de viajes anunciada en junio, que restringe la entrada de inmigrantes de 19 países.
El endurecimiento descrito por Trump refleja un giro que podría transformar profundamente el sistema migratorio, elevando la tensión política y jurídica en torno a un tema que históricamente ha dividido al país.
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