La rápida evolución de la inteligencia artificial vuelve a colocar a las grandes tecnológicas en el centro de una discusión que no solo involucra innovación, sino también poder económico y político. En Washington, las tensiones crecen mientras ejecutivos, legisladores y la Casa Blanca buscan definir el rumbo de una industria decisiva para el futuro.
El CEO de Nvidia, Jensen Huang, lanzó una advertencia directa desde el Capitolio al criticar la regulación estatal de IA, afirmando que podría “frenar por completo ese avance de la propia industria en los Estados Unidos”.
Tras reunirse con el presidente Donald Trump para discutir controles de exportación de chips, aseguró: “Apoyamos el control de exportaciones, pero con sentido común”. También expresó preocupación por medidas que impidan a empresas como Nvidia vender al exterior “si antes no se le da prioridad a compañías estadounidenses”.
Huang cuestionó además la iniciativa Gain AI Act, diseñada para obligar a fabricantes como Nvidia y AMD a priorizar clientes locales antes de exportar a mercados como China, advirtiendo que sería “aún más dañina” que otras propuestas en discusión. Sobre la fragmentación regulatoria, fue tajante: “Esto detendría a la industria y sería algo de riesgo nacional”, pidiendo una regulación federal unificada, postura que Trump respaldó el mes pasado.
Hoy día en el Congreso no existen votos suficientes para una ley nacional, mientras grupos como Leading the Future mantienen la presión desde el sector privado. Todo ocurre en un momento en que la carrera tecnológica define ventajas estratégicas y económicas para las próximas décadas. En medio de visiones enfrentadas, queda claro que el rumbo regulatorio marcará el equilibrio entre proteger la seguridad nacional.
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