Una serie de incidentes con “OVNIs” (Objetos Voladores No Identificados) ha obligado a cerrar o restringir operaciones en aeropuertos clave de Alemania, España, Dinamarca, Bélgica y otros países europeos, dejando en tierra a miles de pasajeros y generando más preguntas que respuestas.
En pleno clima de tensión estratégica con Rusia, la diferencia entre la rapidez con la que Ucrania derriba enjambres de drones militares y la dificultad europea para siquiera identificar estos aparatos sobre aeropuertos civiles alimenta tanto sospechas geopolíticas como un nuevo aura de misterio, cada vez más cercano al debate sobre los UAP u OVNI.
Una ola de incidentes en el espacio aéreo europeo
En el último trimestre de 2025, varios aeropuertos europeos registraron interrupciones causadas por objetos catalogados en informes oficiales como drones no autorizados o no identificados. Datos recopilados por medios regionales indican que, respecto a 2024, estas interrupciones se han multiplicado, con un repunte claro desde septiembre.
Los episodios no se limitan a un solo país: se han documentado problemas en aeropuertos daneses y escandinavos, incidentes repetidos en Alemania, cierres temporales en aeropuertos españoles y vuelos de drones sobre instalaciones sensibles belgas, como polígonos de entrenamiento militar y centrales energéticas. El patrón es idéntico: detección del objeto, activación de protocolos de seguridad, cierre temporal del espacio aéreo y reapertura horas después sin un responsable claramente identificado.
Múnich, Alicante y el caso más reciente en Europa
Entre los casos más notorios figura el cierre del aeropuerto de Múnich a comienzos de octubre, cuando reportes de drones dentro del área de aproximación paralizaron sus operaciones dos veces en menos de 48 horas, provocando desvíos hacia Stuttgart, Núremberg, Frankfurt y Viena. Semanas después, a finales de octubre, el aeropuerto Alicante-Elche Miguel Hernández también interrumpió su actividad durante dos horas por la presencia de un dron, generando largas esperas y desvíos mientras la Guardia Civil buscaba el aparato sin éxito.
Las autoridades aeroportuarias españolas recordaron que aeropuertos como Palma de Mallorca o Fuerteventura ya habían sufrido interrupciones previas por drones de origen desconocido. En todos los casos, la falta de información pública sobre las plataformas utilizadas o la autoría alimenta aún más la incertidumbre.
El episodio más reciente ocurrió en noviembre, cuando el aeropuerto de Bruselas-Zaventem suspendió operaciones durante alrededor de una hora tras detectarse al menos dos drones no identificados sobrevolando la zona de despegue. Pese al despliegue de equipos antidrón, no se localizaron los operadores ni se recuperaron restos, ampliando la lista de incidentes sin resolver que afectan a grandes hubs europeos.
La paradoja: Ucrania derriba drones, Europa los pierde de vista
En Ucrania es habitual informar la interceptación de decenas de drones rusos en una sola noche gracias a sistemas antiaéreos, artillería y tecnologías de interferencia electrónica. En Europa, sin embargo, los aeropuertos son entornos civiles fuertemente regulados, donde derribar un objeto aéreo plantea dilemas legales y de seguridad. Además, muchos de los drones detectados son pequeños, vuelan bajo y desaparecen rápidamente entre estructuras urbanas.
Otra pieza clave es la distribución desigual de sistemas antidrón: los recursos más avanzados suelen estar concentrados en bases militares, no en todos los aeropuertos medianos y grandes. Esto permite que actores maliciosos lancen aparatos desde zonas periféricas, los mantengan pocos minutos en áreas sensibles y los retiren antes de que las fuerzas de seguridad puedan rastrear su señal.
La paradoja no responde necesariamente a una incapacidad tecnológica, sino al entorno operativo y normativo civil en el que se desarrollan estos sucesos. No obstante, el contraste visual —Europa paralizada por un solo dron no identificado— alimenta la frustración ciudadana y abre la puerta a interpretaciones alternativas.
¿Operaciones híbridas rusas o algo distinto?
En varias capitales europeas se plantea que algunos incidentes podrían formar parte de operaciones híbridas que buscan medir tiempos de respuesta, generar costes económicos y tensar la opinión pública sin cruzar el umbral de un ataque armado. Sin embargo, atribuir todo a Rusia resulta reduccionista: si se emplearan tecnologías similares a las vistas en Ucrania, muchos de estos aparatos dejarían señales claras en sensores y radares.
La posibilidad de drones comerciales modificados, operadores locales, imitadores o incluso pruebas de terceros países también está sobre la mesa. La ausencia de imágenes concluyentes, de restos presentados públicamente o de autores identificados mantiene una ambigüedad que alimenta narrativas opuestas: desde operaciones de inteligencia hasta fenómenos que bordean lo inexplicable.
Drones, UAP y el nuevo misterio en los cielos
El término UAP, usado para describir fenómenos aéreos que no pueden clasificarse con la información disponible, encaja incómodamente con estos episodios. Son objetos reales que afectan la navegación aérea, obligan a decisiones drásticas como cerrar aeropuertos internacionales y, sin embargo, terminan en expedientes donde su origen permanece desconocido.
En una Europa marcada por tensiones geopolíticas y una oleada de incidentes sin resolver, la falta de respuestas oficiales alimenta tanto la preocupación como la fascinación. Entre drones de actores hostiles, aparatos comerciales modificados y fenómenos aún sin explicar, los cielos europeos se han convertido en un escenario donde no todo lo que vuela está claramente identificado.
Mira la señal en vivo de Comercio TV aquí y mantente al día en la actualidad financiera








