A medida que avanza el cierre del año económico global, los mercados observan con atención un comportamiento comercial que rompe récords y reconfigura las tensiones entre las dos economías más grandes del mundo. En un escenario marcado por aranceles, disputas políticas y desacuerdos diplomáticos, los datos recientes muestran un giro que pocos anticipaban con esta magnitud.
China superó por primera vez el billón de dólares en superávit comercial acumulado a noviembre, alcanzando $1,076 billones, un aumento del 21.6% comparado con el año previo. Esta expansión ocurrió pese a la profunda caída de los envíos a Estados Unidos, que retrocedieron 28.6% en noviembre, completando ocho meses consecutivos de desplomes de dos dígitos. Peter Boockvar, director de inversiones de One Point BFG Wealth Partners, sostuvo que “China cada vez depende menos de la venta de productos a EE.UU.” y anticipó que el país incentivará el consumo interno para reducir su dependencia de la manufactura.
Aun así, las exportaciones generales crecieron 5.9% interanual en noviembre, superando la previsión del 3.8%. Este repunte se concentró en la Unión Europea y la ASEAN, donde los envíos aumentaron casi 15% y más del 8%, respectivamente. Citigroup afirmó que estos datos fortalecen su proyección de un crecimiento del PIB del 5% en 2025, señalando que “las exportaciones seguirán siendo un motor clave”.
En contraste, el déficit comercial estadounidense se comprimió a $59,600 millones en agosto, con exportaciones récord de $62,400 millones. Sin embargo, los aranceles bilaterales continúan altos: Washington mantiene gravámenes cercanos al 47.5% sobre productos chinos, mientras Pekín aplica alrededor del 32%.
Pese a la tregua alcanzada en octubre entre Donald Trump y Xi Jinping, persisten dudas sobre su durabilidad. El economista Gary Ng advirtió que las exportaciones indirectas vía terceros países “podrían convertirse en una norma futura”, mientras otros analistas anticipan que Europa podría imponer medidas adicionales si la presión china sigue escalando.
En un año donde China enfrenta debilidad interna, crisis inmobiliaria y contracción manufacturera, su capacidad para sostener un superávit histórico revela tanto la resiliencia de su aparato exportador como los desafíos pendientes para lograr un modelo económico más equilibrado y sostenible.
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