Los mercados arrancaron la semana con alta volatilidad después de que la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán avivara temores de una interrupción energética prolongada. El crudo Brent, referencia internacional, subió 6.7%, su mayor alza diaria desde junio, y cerró en $78.22 dólares por barril.
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Wall Street abrió con fuertes pérdidas pero moderó el golpe hacia el cierre. El Dow Jones retrocedió 0.1% hasta 48,904 puntos. El S&P 500 avanzó apenas 0.04% y el Nasdaq ganó 0.36%.
El movimiento estuvo impulsado por el riesgo de afectaciones en el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial, y por posibles daños a infraestructura energética en la región. En paralelo, los futuros del diésel en Nueva York se dispararon 12%, su mayor incremento diario desde inicios de 2022, mientras la gasolina avanzó 3.7%.
En Europa, los precios del gas natural se elevaron casi 39% ante el temor de que el suministro desde Qatar —uno de los mayores exportadores de gas natural licuado— pueda verse afectado si persisten las tensiones en el Golfo Pérsico.
El flujo hacia activos considerados seguros fortaleció al dólar estadounidense y al franco suizo, mientras los futuros del oro subieron alrededor de 1.2%. Sin embargo, los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años repuntaron a 4%, reflejando que el temor a un repunte inflacionario contrarrestó parcialmente la demanda de deuda como refugio.
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Defensa sube, aerolíneas caen y crece el temor inflacionario
El impacto sectorial fue desigual. Las acciones de aerolíneas como United Airlines y American Airlines cayeron ante cancelaciones y desvíos de rutas para evitar el espacio aéreo en conflicto. En contraste, los fabricantes de defensa repuntaron con fuerza: Lockheed Martin avanzó alrededor de 3%, mientras RTX y Northrop Grumman superaron el 4%.
En Europa, compañías como BAE Systems, Thales y Leonardo también registraron alzas ante expectativas de mayor gasto militar.
El aumento del diésel plantea un riesgo directo para los costos de transporte y logística en Estados Unidos. Dado que el combustible es clave para camiones y cadenas de suministro, un encarecimiento sostenido podría trasladarse a precios finales de alimentos y bienes de consumo. Para hogares trabajadores y pequeños empresarios —incluidos muchos hispanos en sectores como construcción, comercio y transporte— esto implicaría mayor presión sobre márgenes y presupuestos.
En el plano macroeconómico, el CEO de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, advirtió que la próxima crisis crediticia podría ser “peor de lo normal”, señalando riesgos en crédito privado, deuda soberana e inflación. Aunque descartó por ahora un impacto sistémico inmediato, reconoció señales de “exuberancia” en algunos segmentos.
El foco del mercado está ahora en dos escenarios que podrían empujar aún más al petróleo: un bloqueo prolongado del Estrecho de Ormuz o daños significativos a la producción energética regional. Si alguno se concreta, el repunte del crudo podría intensificarse y complicar el panorama inflacionario justo cuando los bancos centrales buscan consolidar la estabilidad de precios.
Por ahora, la volatilidad domina las operaciones y los inversionistas ajustan carteras ante un entorno geopolítico que vuelve a colocar la energía en el centro del riesgo global.
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