El pulso cultural y financiero de Miami volvió a encenderse con una de las semanas más esperadas del calendario global, en la que coleccionistas, asesores y casas de banca privada midieron no solo el apetito por las obras, sino también el estado de ánimo de un mercado que venía arrastrando meses de incertidumbre. Esta edición dejó claro que algo empieza a cambiar.
Art Basel Miami Beach registró más de 80,000 visitantes, entre coleccionistas y aficionados de Estados Unidos, Europa, Latinoamérica, Oriente Medio y África. Más de 280 galerías participaron en una edición que vio múltiples ventas por encima del millón de dólares, confirmando un retorno de la confianza tras las subastas de noviembre en Nueva York, que superaron los $2,000 millones, incluido un Klimt vendido por $236.4 millones. “Ha habido un cambio decisivo en el mercado”, afirmó Noah Horowitz, director ejecutivo de Art Basel, quien destacó la “energía y dinamismo” observados desde el primer día.
Las razones del repunte aún generan debate. Algunos apuntan a expectativas de tasas más bajas; otros, a un alivio en tensiones geopolíticas o al rápido crecimiento del patrimonio de los más ricos. Horowitz subrayó que “hay mucha riqueza en el mundo ahora mismo” y que, pese a la complejidad económica, “la gente ya está harta… quieren unirse en torno al arte”.
El evento, como cada año, atrajo también a bancos privados y gestores patrimoniales. UBS nuevamente dominó la escena con la única sala VIP de la feria. “Hay una concentración de riqueza casi extrema en esta única sala”, comentó Matthew Newton, quien relató cómo grandes coleccionistas incluso “compiten” por ciertas obras. Newton también animó a los nuevos compradores a arriesgarse: “Es útil cometer errores al principio”.
Su visión resume el espíritu de la semana: quienes ven el arte como un activo emocional y significativo suelen ser, con el tiempo, los coleccionistas más exitosos, incluso en términos financieros.
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