En los aeropuertos modernos, donde el tiempo se mide en filas y anuncios por altavoz, los viajeros ya están acostumbrados a escenas curiosas. Sin embargo, en los últimos meses se repite una que provoca risas nerviosas, miradas incrédulas y, sobre todo, un creciente malestar entre quienes observan cómo ciertas normas parecen volverse opcionales según la astucia del pasajero.
En un vuelo reciente desde una ciudad mexicana. El embarque avanzaba con lentitud y, al preguntar la razón, un auxiliar fue directo: decenas de personas habían solicitado sillas de ruedas. Lo llamativo vino al aterrizar, cuando muchos de esos pasajeros “se levantaron sin ayuda y caminaron como si nada hubiera pasado”. En redes sociales, el fenómeno ya tiene apodo: el “Jetway Jesus”, una supuesta fuerza celestial que devuelve la movilidad justo al tocar tierra, obviamente bajo un tono irónico y divertido, pero con un trasfondo preocupante.
El atajo disfrazado de asistencia
Dentro de la cabina, la explicación es menos mística y más terrenal. Varios tripulantes cuentan que algunos pasajeros solicitan sillas de ruedas para obtener lo que consideran una “experiencia VIP”: acceso prioritario, evitar filas eternas y asegurarse espacio en los compartimentos superiores. Una vez en destino, y ante la perspectiva de esperar asistencia, aparece la repentina recuperación. “Eso sí que es una buena curación”, ironizan quienes observan la escena desde sus asientos.
El fenómeno no solo ocurre en silencio. En plataformas como TikTok, usuarios presumen el truco. “Trae a tu abuela para evitar las filas”, aconsejó Raphael Miranda, de 28 años, al explicar que su familiar “camina bien”, pero que la silla acelera el paso por el aeropuerto. Otros van más lejos y recomiendan “actuar como si estuvieras herido” cuando el terminal está lleno. La viralización ha convertido la trampa en un supuesto consejo de viaje.
Para muchos pasajeros, especialmente quienes viven con una discapacidad real o pagan por embarque prioritario, la situación es exasperante. Una trabajadora sanitaria en Estados Unidos, recordó un vuelo en el que unas 15 personas abordaron en silla de ruedas y solo cinco la necesitaron al bajar. “Totalmente despreocupada”, dijo sobre una joven que se levantó, tomó su bolso y salió caminando. “Esta gente no tiene vergüenza”.
Más que un abuso, un síntoma social
Las tripulaciones también pagan el precio. Una tripulante de cabina de Air Canada, explicó que la demanda de sillas de ruedas provoca retrasos, escasez de equipos y jornadas que se alargan sin compensación. “Hay mucho más trabajo entre bastidores que estas personas no consideran cuando piden ayuda sin realmente requerirla”, señaló. En aeropuertos pequeños, añadió, el engaño resulta aún más evidente.
Las aerolíneas reconocen un aumento en las solicitudes de asistencia, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo. Pero actuar con dureza es delicado: existen discapacidades no visibles, como el autismo o la demencia, que justifican el apoyo. En compañías como Southwest Airlines, donde no hay asientos asignados, el incentivo para “jugarle vivo” al sistema ha sido mayor, aunque recientes cambios buscan reducir el caos previo al embarque.
Más allá de nombre jocoso “Jetway Jesus” se pone al descubierto algo menos gracioso. La falta de educación cívica y de cultura ciudadana alimenta la idea de que burlar las reglas es aceptable si ofrece una ventaja personal. Cuando el beneficio individual se impone sin pudor sobre el respeto colectivo, los servicios pensados para ayudar a quienes realmente lo necesitan terminan degradados.
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