En una serie de declaraciones que han reavivado la controversia internacional, el presidente Donald Trump volvió a situar a Estados Unidos en el centro de un debate sobre los límites del poder presidencial y el papel del derecho internacional. Sus palabras, pronunciadas en entrevistas recientes, delinean una visión personalista del mando militar y una política exterior marcada por advertencias directas y un tono abiertamente confrontacional.
En una entrevista con The New York Times, Trump sostuvo que su autoridad como comandante en jefe no está condicionada por normas externas. “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente es lo único que puede detenerme”, afirmó al ser consultado sobre posibles restricciones al uso de la fuerza. Añadió sin rodeos: “No necesito el derecho internacional”, aunque matizó que su Administración debe respetarlo, dejando claro que será él quien decida cuándo se aplican esas reglas. “Depende de cuál sea tu definición del derecho internacional”, argumentó.
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Cuba y la presión sin límites
El mandatario extendió ese enfoque a la situación en Cuba. En una entrevista con el comentarista Hugh Hewitt, aseguró que su Gobierno ha agotado casi todas las opciones para presionar a La Habana. “No creo que se pueda ejercer mucha más presión, salvo entrar y destrozar el lugar”, declaró, al ser preguntado sobre una posible “cuarentena” naval similar a la aplicada sobre Venezuela.
Trump vinculó la debilidad actual de la isla al colapso del apoyo venezolano. “Toda su sangre vital, toda su vida era Venezuela. Tenían el petróleo, el dinero de Venezuela”, afirmó. También señaló que Cuba está “en graves problemas” y que “pende de un hilo”, aunque reconoció la resistencia de su población. “Son duros, un pueblo duro. Un gran pueblo”, dijo, antes de insistir en que la situación crítica se arrastra “desde hace 25 años”.
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Advertencias a Irán y respuesta regional
La retórica se endureció aún más al referirse a Irán, donde se registran protestas por la crisis económica y la caída de la moneda. Trump amenazó con represalias si las autoridades iraníes reprimen violentamente las manifestaciones. “Si lo hacen les vamos a golpear muy fuerte… tendrán que pagar un infierno”, advirtió. Días antes había escrito en Truth Social que Estados Unidos “acudiría al rescate” si Teherán empleaba la violencia contra manifestantes pacíficos.
Desde Irán, la respuesta no tardó. El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Abdolrahim Mousavi, acusó a Estados Unidos e Israel de promover una “guerra blanda” y advirtió que cualquier interferencia “no quedará sin respuesta”. Mientras tanto, el presidente iraní Masoud Pezeshkian reconoció el malestar social y admitió errores de gestión: “Creo que tengo la culpa. Somos nosotros los que tenemos la culpa”.
Las declaraciones de Trump refuerzan una política exterior basada en la disuasión directa y el liderazgo personal, una postura que genera inquietud entre aliados y adversarios y reabre el debate sobre hasta dónde puede llegar el poder de Estados Unidos en un escenario global cada vez más tenso.
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