China y Rusia proyectaron hacia el régimen de Nicolás Maduro una imagen de resguardo y respaldo estratégico-ideológico, una postura que goza de gran popularidad en redes sociales, especialmente entre las nuevas generaciones, sin embargo, en la práctica ese emotivo discurso de lo “políticamente correcto” no se tradujo en acciones concretas sobre el terreno frente a la decisión de Estados Unidos de intervenir en suelo venezolano. La ausencia de una respuesta directa dejó en evidencia los límites de ese apoyo, más discursivo que operativo, pero que tras bambalinas tiene un trasfondo compartido con la derecha conservadora ¿cuál es?.
La derecha conservadora ha mostrado un trabajo coordinado y estratégico
En contraste con la situación actual, hace pocos meses, cuando Irán atacó a Israel, la respuesta de Estados Unidos fue rápida y concreta. Más allá de la retórica, Washington ejecutó bombardeos directos, compartió inteligencia clave y envió un flujo masivo de equipamiento militar para respaldar a las fuerzas israelíes bajo el mando de Benjamín Netanyahu.
Dos contextos distintos, pero una diferencia clara en el apoyo: el bloque Rusia-China se limita a advertencias y gestos diplomáticos; mientras EE. UU. e Israel despliegan acciones decididas con grandes recursos militares y económicos.
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Diferencias retóricas con un mismo trasfondo
Detrás de los discursos de China y Rusia, en sus venas corre el mismo interés por Venezuela: Petróleo.
China y Rusia han aprovechado el petróleo venezolano para asegurar suministros baratos y diversificar fuentes frente a sanciones occidentales. En 2024, Venezuela exportó en promedio unos 805,500 barriles diarios, con ventas externas por 17,520 millones de dólares. China se ha convertido en el mayor comprador: casi 70–80% del crudo venezolano se dirigió a su mercado en 2023–2024, lo que equivale a alrededor de 600,000 barriles diarios. Esta relación incluye acuerdos de “petróleo por deuda” y financiamiento chino a largo plazo, asegurando a Pekín flujo estable de crudo pesado venezolano. Entre tanto, Rusia, a través de empresas como Rosneft, ha obtenido beneficios ayudando a colocar petróleo venezolano sancionado en Asia y Europa, cobrando deudas en barriles y ganando margen con la reducción de oferta global. Aunque su volumen directo de importación es menor que el de China, el interés ruso está en influencia geopolítica y control de activos energéticos clave.
“Abejas reinas” se enfrentan por intereses económicos y las “abejas obreras” se enfrentan por ideologías
Mientras las “abejas obreras” discuten y se dividen por etiquetas como izquierda, derecha, progresismo, conservadores y liberales, en paralelo, las “abejas reinas” —las élites políticas y económicas— rara vez arriesgan algo parecido. Se enfrentan con dureza ante las cámaras, pero detrás del escenario comparten un objetivo común: controlar recursos estratégicos como el petróleo, el gas o las tierras raras, sin importar el color ideológico del socio de turno. Así, mientras la -base social- se pelea por identidades y banderas, los líderes negocian contratos, licencias y cuotas de poder para continuar enriqueciendo sus bolsillos y los de sus familiares y amigos.
La supuesta guerra de ideologías ante las cámaras que en apariencia muestran Rusia, China y EE. UU., en el fondo no es más que una lucha por energía, dinero y poder, donde el combustible real no son las ideas, sino los intereses.
Una conclusión incómoda para algunos sectores
El resultado es paradójico: las alianzas capitalistas de derecha, tan criticadas por su crudeza, demuestran ser más efectivas y consistentes que la retórica de “solidaridad” profesada casi entre lágrimas por el bloque “antiimperialista”.
Rusia y China, en el fondo, persiguen en Venezuela lo mismo que cualquier potencia occidental: el petróleo y sus reservas estratégicas.
El gran cuestionamiento que no debería tener tinte ideológico es ¿Quién asume el costo real cuando los misiles pasan de la retórica a los hechos?, y la respuesta se vislumbra al leer los nombres de las víctimas, y no son las élites quienes asumen el precio de este peligroso “juego de tronos”.
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