El sábado, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, compartió en X una entrevista con un testigo que afirmó haber presenciado de primera mano la redada en la que fue capturado Nicolás Maduro. En su publicación del 10 de enero dice textualmente “Deja lo que estás haciendo y lee esto… (Stop what you are doing and read this… ), seguido de banderas estadounidenses.
El declarante aseguró ser un guardia que se encontraba de servicio en la instalación militar venezolana al momento del operativo de EE. UU. en su territorio el cual terminó con la captura del dictador Nicolás Maduro.
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Drones, helicópteros y un colapso instantáneo con horribles efectos
El testigo describió que todo comenzó de forma abrupta. “Estábamos en guardia, pero de repente todos nuestros sistemas de radar se apagaron sin explicación alguna”, relató. Poco después, dijo, aparecieron “drones, muchísimos drones, sobrevolando nuestras posiciones”, sin que las fuerzas locales supieran cómo reaccionar.
Según su versión, minutos más tarde aterrizaron apenas “ocho helicópteros”, de los que descendieron unos “20 soldados estadounidenses”. La desproporción numérica era evidente. “Éramos cientos, pero no teníamos ninguna posibilidad”, afirmó, al asegurar que las tropas de EE. UU. actuaron con una precisión nunca antes vista. “Disparaban con tanta precisión y velocidad; parecía que cada soldado disparaba 300 balas por minuto”.
El guardia insistió en que no se trató de un enfrentamiento convencional. “Eran tecnológicamente muy avanzados”, dijo. “No se parecían a nada contra lo que hayamos luchado antes”. En su relato, la resistencia venezolana fue neutralizada en cuestión de instantes, sin que los atacantes registraran bajas.
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“Fue como una onda sonora muy intensa”
El momento más perturbador del testimonio llegó cuando describió el uso de un arma desconocida. “En un momento dado, lanzaron algo; no sé cómo describirlo”, señaló. “Fue como una onda sonora muy intensa. De repente, sentí como si mi cabeza explotara desde dentro”.
Los efectos físicos, según el relato, fueron inmediatos. “Todos empezamos a sangrar por la nariz”, aseguró. “Algunos vomitaban sangre. Caímos al suelo, inmóviles. Ni siquiera podíamos ponernos de pie después de esa arma sónica, o lo que fuera”. El Ministerio del Interior de Venezuela estima que 100 miembros de las fuerzas de seguridad murieron en el ataque del 3 de enero, aunque no está claro si alguna de esas muertes estuvo vinculada directamente a esa tecnología.
Una exfuente de inteligencia estadounidense citada por The Post explicó que el Ejército ha desarrollado durante años armas de energía dirigida, capaces de neutralizar objetivos mediante microondas o láseres. “Sí, algunos de esos síntomas son consistentes”, afirmó la fuente, al mencionar “sangrado, incapacidad para moverse o funcionar, dolor y ardor”.
Para el testigo, el mensaje fue inequívoco. “No tienen idea de lo que son capaces”, advirtió. “Después de lo que vi, no quiero volver a estar en el otro lado. No se metan con ellos”. Dijo además que lo ocurrido ya genera temor en la región y que “va a cambiar muchas cosas, no solo en Venezuela, sino en toda América Latina”. Y finalmente se ha insinuado que podría ser algún tipo de arma sónica.
El relato, difundido desde un canal oficial de la Casa Blanca pero aún sin confirmación independiente, deja flotando una incógnita inquietante: si la operación marcó el debut en combate de una nueva generación de armas, sus implicaciones podrían extenderse mucho más allá del episodio venezolano.
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