Artículo basado en el análisis original de Ray Ruga, CEO & Co-Founder de Fintech Americas.

Durante años, la industria financiera de América Latina ha vivido bajo el signo de la promesa permanente. Transformación digital, innovación, disrupción. Conceptos repetidos hasta el cansancio que, en muchos casos, quedaron más en presentaciones que en resultados concretos. Sin embargo, el horizonte inmediato plantea un cambio de tono. Ya no se trata de probar, sino de decidir. Así lo plantea Ray Ruga, CEO & Co-Founder de Fintech Americas, en su análisis sobre lo que marcará el rumbo del sector en 2026.
Según Ruga, 2025 fue el año de los experimentos con inteligencia artificial generativa. “Pruebas de concepto, pilotos, comunicados de prensa”, resume. Pero advierte: “Jugar no es competir”. Y ese matiz es clave, porque el próximo año será el momento en que quede claro quién construyó capacidades reales y quién solo acompañó la moda.
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Inteligencia artificial: del discurso al control real
“La pregunta ya no es ‘¿están usando IA?’”, sostiene Ruga. “La pregunta es si están capturando valor real, o si están subsidiando la curva de aprendizaje de sus proveedores”. Aunque Deloitte señala que casi 7 de cada 10 CEOs consideran la IA clave para redefinir su estrategia, lo relevante no es lo que declaran, sino lo que están construyendo.
En 2026, explica el experto, tener un chatbot dejará de ser diferencial. El foco se moverá hacia agentes de IA capaces de tomar decisiones, ejecutar procesos y actuar. Eso obliga a replantear arquitectura de datos, gobernanza y gestión del riesgo. “El desafío más grande no será tecnológico. Será de liderazgo”, advierte, especialmente cuando surgen preguntas sobre responsabilidad y sesgos.
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Pagos invisibles y una infraestructura que ya no da más
Ruga afirma que el futuro de los pagos no será más visible, sino todo lo contrario. En 2026, los pagos estarán tan integrados en plataformas digitales que “simplemente van a pasar”. Embedded finance, social commerce y pagos instantáneos interoperables ya existen; lo nuevo será la escala y el impacto del llamado agentic commerce, donde agentes de IA ejecutan transacciones bajo instrucciones del usuario.
En paralelo, las stablecoins dejarán de ser un experimento, sobre todo en pagos transfronterizos, no por perfección técnica, sino porque “la alternativa —el sistema de corresponsalía bancaria del siglo XX— es peor”.
Pero nada de esto es posible sin enfrentar un problema incómodo: la infraestructura. “La deuda técnica ya no es un problema de IT. Es una limitación estratégica”, escribe Ruga. Sistemas legacy impiden escalar IA, operar en tiempo real y competir en costos. Modernizar es caro y políticamente difícil, pero no hacerlo condena a quedarse atrás.
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Ciberseguridad, regulación y el péndulo que se mueve
En 2026, advierte Ruga, un ataque cibernético serio dejará de ser un incidente técnico para convertirse en una amenaza existencial. APIs abiertas, ecosistemas conectados y proveedores externos amplían la superficie de ataque. A eso se suman deepfakes, phishing hiperpersonalizado y ataques automatizados impulsados por IA.
Y en el horizonte aparece un riesgo aún mayor: la computación cuántica. “No hoy. Probablemente no mañana”, aclara, pero las instituciones que no se preparen enfrentarán un problema sin solución rápida. Entre tanto, en materia regulatoria, América Latina tiene una oportunidad única. “Europa sobre-reguló. Estados Unidos sub-reguló”, señala. La región puede encontrar un equilibrio mejor, aunque el gran desafío será la armonización entre países para evitar fricciones que frenen la innovación.
Ray Ruga concluye que 2026 será “el año de las definiciones”. Las instituciones que alinearon tecnología, talento y gobernanza acelerarán. Las que no, descubrirán que la brecha con los líderes se vuelve imposible de cerrar. No es pesimismo, sostiene, sino realismo, y también una oportunidad enorme para quienes estén dispuestos a actuar.
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