Estados Unidos atraviesa una de las crisis climáticas más severas de los últimos años debido a un sistema invernal masivo que ha cubierto de blanco gran parte del territorio. La combinación de precipitaciones extremas y temperaturas árticas ha generado un escenario de vulnerabilidad para millones de ciudadanos.
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Impacto en la infraestructura y pérdidas humanas
Hasta la noche del domingo 25 de enero, las autoridades han confirmado el fallecimiento de al menos 13 personas en distintos puntos del país. Las fatalidades se han distribuido en estados como Tennessee, Luisiana, Texas, Kansas y Massachusetts, vinculadas tanto a la exposición directa al frío como a trágicos accidentes derivados de las labores de limpieza.
Entre los incidentes más dolorosos destaca el atropello de una pareja por maquinaria de remoción de nieve en una estación ferroviaria, evento que terminó con la vida de una mujer. Estos decesos subrayan la peligrosidad de un fenómeno que no solo afecta la movilidad, sino que pone en riesgo la integridad básica en espacios públicos y privados.
El suministro eléctrico ha sufrido colapsos críticos, dejando a cerca de 1,000,000 de usuarios en la oscuridad, precisamente cuando los termómetros registran descensos térmicos alarmantes. La acumulación de hielo y lluvia helada ha provocado la caída de ramas y líneas de alta tensión, dificultando las tareas de reparación en el Atlántico Medio y el Noreste. Asimismo, la industria aeronáutica vive un caos similar al de la época pandémica, con la cancelación de más de 12,000 vuelos en un solo día, mientras oficinas gubernamentales y centros educativos han optado por el cierre preventivo ante la imposibilidad de garantizar traslados seguros.
Amenaza persistente y proyecciones meteorológicas
La preocupación de los expertos se centra ahora en lo que denominan el “frío residual”. Aunque las nevadas más intensas comiencen a ceder, se espera que las temperaturas se mantengan entre 10 y 40 grados por debajo de los promedios históricos. En ciudades del sur como Dallas y Houston, se prevé la ruptura de récords de temperaturas mínimas, mientras que en el noreste, zonas como Boston y Albany podrían registrar acumulaciones de nieve que oscilan entre los 40 y 60 cm.
Actualmente, unos 185 millones de residentes permanecen bajo diversas alertas climáticas, enfrentando sensaciones térmicas que en algunas regiones alcanzan los -30 grados Celsius.
El Servicio Meteorológico Nacional ha enfatizado que el peligro no desaparece con el fin de la tormenta. Las superficies congeladas y la falta de calefacción en los hogares sin energía eléctrica representan una amenaza letal de hipotermia.
Se ha instado a la población a evitar los desplazamientos por carretera, ya que el aguanieve y el hielo negro convierten las vías en trampas mortales. A pesar de que algunos ciudadanos han aprovechado la nieve para actividades recreativas, la recomendación oficial es la vigilancia constante de vecinos vulnerables y mascotas, priorizando la permanencia en refugios seguros hasta que las condiciones mejoren gradualmente durante la semana laboral.
La magnitud de este evento climático resalta la fragilidad de los sistemas energéticos y de transporte frente a fenómenos naturales extremos, obligando a una respuesta coordinada entre los niveles federal y local. La prioridad absoluta en los próximos días será el restablecimiento de los servicios básicos para evitar que el número de víctimas siga aumentando bajo el peso de un invierno inclemente que aún no da tregua.
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