La escasez de combustible en Cuba ya tiene un efecto visible en las calles de La Habana: montones de basura se acumulan en esquinas y avenidas porque más de la mitad de los camiones recolectores están fuera de servicio.
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De los 106 vehículos destinados a la recolección en la capital, solo 44 siguen operando, según reportó el medio estatal Cubadebate. La falta de diésel ha reducido drásticamente la frecuencia del servicio, dejando residuos expuestos durante días.
En distintos barrios, bolsas, cartones, botellas plásticas y restos de comida se apilan mientras peatones y conductores deben rodear los desechos. Algunos residentes revisan los desperdicios en busca de materiales reutilizables, reflejo de la escasez generalizada que atraviesa la isla.
La crisis energética se ha profundizado en los últimos dos meses. El suministro nacional de petróleo cayó de forma abrupta luego de que Venezuela —históricamente principal proveedor— suspendiera envíos a mediados de diciembre. México también detuvo suministros tras advertencias de Washington sobre posibles aranceles a países que exporten combustible a Cuba.
El gobierno cubano ha aplicado racionamiento para priorizar hospitales y otros servicios esenciales, en un contexto donde ya existían faltantes de alimentos, medicinas y energía eléctrica. Estados Unidos mantiene un embargo sobre Cuba desde 1960, pero en los últimos meses la administración del presidente Donald Trump ha intensificado las sanciones, apuntando a buques que transportan crudo hacia la isla y advirtiendo a potenciales proveedores.
Washington sostiene que la presión busca generar cambios políticos en el país. En contraste, Naciones Unidas ha reiterado en múltiples votaciones su llamado a poner fin al embargo, mientras gobiernos como el de México y Venezuela advierten que el bloqueo del combustible puede derivar en consecuencias humanitarias.
Para la comunidad cubana en Estados Unidos, el deterioro de los servicios básicos en la isla tiene un impacto directo. La escasez energética y sanitaria puede aumentar la presión migratoria y elevar la dependencia de remesas enviadas desde el exterior, en un momento donde muchas familias ya enfrentan costos elevados de vida tanto en Cuba como en territorio estadounidense.
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La acumulación de basura no es solo un problema urbano: se ha convertido en un indicador visible de la fragilidad energética y económica que atraviesa el país.
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