La compañía, fundada hace 120 años en Boston y de capital privado, detalló sus resultados a CNBC y anticipó que podría alcanzar la meta de $10,000 millones en ventas anuales antes de que termine el año.
Desde 2020, sus ingresos se han disparado 180%. El crecimiento coincide con un periodo en el que Nike modificó su modelo comercial, priorizando la venta directa al consumidor y reduciendo su presencia en mayoristas. Esa decisión liberó espacio en tiendas físicas clave, que competidores como New Balance aprovecharon para ampliar su distribución y visibilidad.
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El giro estratégico que abrió la puerta
Mientras Nike concentraba esfuerzos en su propio canal digital y tiendas propias —una estrategia que inicialmente elevó márgenes pero complicó su operación—, perdió dinamismo en innovación y parte de su liderazgo en calzado de alto rendimiento. Ese vacío abrió oportunidades para marcas más ágiles.
New Balance combinó expansión física y posicionamiento de marca. Solo en 2025 abrió 80 nuevas tiendas, aunque este tipo de crecimiento implica mayores costos y un periodo más largo para alcanzar rentabilidad. La empresa no reveló cifras de ganancias, por lo que el impacto total de esas inversiones aún no es claro.
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Marca premium y precios más altos
Uno de los pilares de su estrategia ha sido el enfoque premium. La compañía redujo descuentos, seleccionó cuidadosamente sus canales de distribución y logró elevar su precio promedio de venta cerca de 30% en los últimos cinco años. En un entorno donde muchos competidores recurrieron a promociones agresivas para sostener volumen, New Balance apostó por fortalecer márgenes y percepción de marca.
El momento cultural también jugó a su favor. El resurgimiento de las zapatillas estilo “dad shoes” de los años 90 conectó con consumidores jóvenes que adoptaron estos modelos como pieza de moda, no solo como calzado deportivo. Al mismo tiempo, la firma reforzó su línea de alto rendimiento con acuerdos con figuras como Shohei Ohtani en béisbol, Coco Gauff en tenis y Josh Allen en la NFL.
De cara al próximo año, la empresa planea ampliar sus líneas actuales, desarrollar nuevos productos y profundizar su presencia en categorías de rendimiento, sin imponer metas rígidas de venta directa al consumidor. La idea, según su dirección, es adaptarse a la forma en que el cliente prefiera comprar, sin forzar un canal específico.
Para el mercado estadounidense, este crecimiento tiene implicaciones más amplias. El sector minorista y de artículos deportivos emplea a miles de trabajadores en tiendas, logística y distribución, áreas donde la comunidad hispana tiene fuerte participación. Una expansión sostenida en aperturas puede traducirse en más oportunidades laborales, mientras que el posicionamiento premium también presiona los precios al consumidor en un entorno donde las familias siguen sensibles al gasto discrecional.
En bolsa, aunque New Balance no cotiza públicamente, su avance reconfigura la competencia frente a gigantes como Nike, cuyo desempeño bursátil ha reflejado los retos recientes. Para pequeños inversionistas y emprendedores hispanos vinculados al comercio minorista, la lección es clara: en un mercado saturado, la combinación de identidad de marca, disciplina en precios y ejecución operativa puede pesar más que el tamaño histórico.
La batalla por el liderazgo global del calzado deportivo no se define solo por volumen, sino por estrategia. Y en este ciclo, New Balance parece haber encontrado el equilibrio entre moda, rendimiento y rentabilidad.
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