El presidente Donald Trump ordenó a todas las agencias federales suspender el uso de la tecnología de Anthropic y dio un plazo de seis meses para completar la transición. Además, advirtió que la empresa podría enfrentar consecuencias civiles y penales si no coopera durante ese período.
La medida se produjo tras un ultimátum del Departamento de Defensa. El secretario Pete Hegseth designó a la compañía como un “riesgo para la cadena de suministro”, una categoría poco habitual para una firma estadounidense, y prohibió a los contratistas de defensa utilizar su inteligencia artificial.
Choque por armas autónomas y vigilancia
El conflicto gira en torno a los límites de uso de la IA. Anthropic, desarrolladora del modelo Claude y una de las empresas más influyentes del sector, se ha negado a permitir que su tecnología sea utilizada en armas totalmente autónomas o en esquemas de vigilancia masiva dentro de EE.UU.
El Departamento de Defensa sostiene que no planea emplear la IA en vigilancia masiva ni en operaciones letales sin supervisión humana, pero argumenta que ciertas condiciones podrían afectar la capacidad operativa.
La disputa escaló al Congreso. Miembros del Comité de Servicios Armados del Senado enviaron una carta privada instando a ambas partes a extender las negociaciones y evaluar si se requieren ajustes legislativos o regulatorios para definir el llamado “uso legal” de estas tecnologías.
Señal al sector tecnológico y efectos económicos
Anthropic, con sede en San Francisco y respaldada por grandes inversionistas tecnológicos, forma parte del grupo de compañías que lideran el desarrollo de modelos avanzados de inteligencia artificial en EE.UU. La ruptura con el gobierno federal podría reconfigurar contratos millonarios en el ámbito de defensa y abrir espacio a competidores.
La decisión también envía un mensaje claro a la industria: las empresas que trabajen con el gobierno deberán alinearse con las prioridades de seguridad nacional de la administración. Analistas han advertido que declarar a una firma local como riesgo para la cadena de suministro en tiempos de paz es una medida inusual que podría generar incertidumbre regulatoria en todo el sector.
El impacto no es solo corporativo. El ecosistema de defensa y tecnología sostiene miles de empleos en ingeniería, ciberseguridad, manufactura avanzada y logística, áreas donde muchos profesionales hispanos participan como empleados o contratistas. Cualquier cambio en contratos federales puede afectar pequeñas y medianas empresas proveedoras en estados con alta presencia militar y tecnológica.
Para inversionistas individuales y pequeños empresarios, el episodio subraya el peso del riesgo político en compañías vinculadas al gasto público. Las decisiones de Washington pueden alterar de forma abrupta las perspectivas de crecimiento, incluso en sectores considerados estratégicos como la inteligencia artificial.
La disputa deja abierto un debate mayor: hasta dónde deben llegar las capacidades de la IA en el ámbito militar y qué límites legales se impondrán en una carrera tecnológica cada vez más ligada a la seguridad nacional.
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