El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, murió la madrugada del sábado durante un ataque conjunto lanzado por Estados Unidos e Israel contra Teherán, según confirmaron medios estatales iraníes. En la ofensiva también fallecieron el comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), general Mohammad Pakpour, el secretario del Consejo de Seguridad Nacional, almirante Ali Shamkhani, y cuatro familiares directos del líder religioso.
El Gobierno iraní declaró 40 días de duelo nacional. Horas antes de la confirmación oficial, el presidente Donald Trump había asegurado públicamente que Jameneí había muerto en la operación coordinada con Israel, que fue descrita por el Ministerio de Defensa israelí como un ataque “preventivo” para neutralizar amenazas contra su territorio.
Según los reportes oficiales iraníes, Jameneí se encontraba en su oficina cuando ocurrió el ataque. La Guardia Revolucionaria calificó el hecho como un acto criminal y prometió represalias. En respuesta, Irán lanzó misiles balísticos contra Israel y contra bases militares estadounidenses en varios países de Oriente Medio, ampliando la tensión regional.
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Golpe a la cúpula del poder iraní
La muerte simultánea del líder supremo y de dos de las figuras más influyentes del aparato militar y de seguridad representa el mayor golpe a la estructura de poder iraní desde la Revolución Islámica de 1979.
El líder supremo es la máxima autoridad política y religiosa del país. Tiene el mando de las Fuerzas Armadas, controla los servicios de inteligencia, designa a altos cargos judiciales y a miembros clave del Consejo de Guardianes, y posee la última palabra en decisiones de guerra y paz. Su figura está por encima del presidente.
La caída de varios integrantes del círculo de seguridad refuerza la incertidumbre sobre la estabilidad interna en un momento de confrontación abierta con Washington y Tel Aviv.
¿Quién asume ahora el liderazgo?
Tras el fallecimiento de Jameneí, el presidente interino Mohammad Mokhber anunció que el presidente del país, el jefe del Poder Judicial y un jurista del Consejo de Guardianes asumirán temporalmente la conducción del Estado durante el período de transición.
La Constitución iraní establece que la Asamblea de Expertos —un órgano religioso elegido por votación popular y encargado de supervisar al líder supremo— es responsable de nombrar a su sucesor. Sin embargo, el proceso no tiene plazos claros y suele estar marcado por negociaciones internas entre las élites religiosas y militares.
La escalada añade presión a los mercados energéticos globales. Irán es un actor relevante en la producción de petróleo, y cualquier interrupción puede impactar los precios del crudo y la gasolina en Estados Unidos, afectando a hogares y pequeños negocios, incluidos muchos en sectores con alta participación hispana como transporte y construcción.
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