Irán mantiene el suministro estratégico de petróleo hacia el gigante asiático, desafiando el conflicto bélico que mantiene paralizada una de las arterias energéticas más importantes del mundo. La nación persa ha logrado movilizar al menos 11.7 millones de barriles de petróleo crudo hacia China a través del Estrecho de Ormuz desde el inicio de las hostilidades el 28 de febrero.
A pesar de que el tráfico marítimo global en esta zona se ha reducido al mínimo debido a la amenaza de ataques y el hundimiento de buques, Teherán utiliza tácticas de evasión, como la desactivación de sistemas de rastreo satelital, para asegurar que su principal comprador reciba el suministro en medio de la guerra.
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Estrategias de Irán para exportar petróleo en una zona de guerra activa
El Estrecho de Ormuz, responsable del tránsito de un 20% del gas y petróleo mundial, se encuentra prácticamente bloqueado. La situación es crítica: al menos diez barcos han sido atacados, resultando en la muerte de siete marinos según la Organización Marítima Internacional.
Ante este escenario, la mayoría de los petroleros evitan la zona, pero Irán ha mantenido el flujo mediante el uso de buques con bandera propia y la carga en la terminal de Jask, al sur del estrecho. Aunque el presidente estadounidense, Donald Trump, ha instado a las navieras a avanzar alegando que la Armada iraní ha sido neutralizada, el riesgo persiste para cualquier operador privado.
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¿Es la terminal de Jask una alternativa logística viable para evadir el bloqueo?
Para reducir su dependencia de la peligrosa vía de Ormuz, Irán ha reactivado la terminal de Jask, situada en el Golfo de Omán. A diferencia de la Isla de Kharg —que gestionaba el 90% de las exportaciones antes de la guerra—, Jask permite evitar el punto más crítico del conflicto.
Esta ruta presenta deficiencias operativas severas: cargar un superpetrolero tipo VLCC (Very Large Crude Carrier, buques de gran capacidad para largas distancias) en Jask puede tomar hasta 10 días, comparado con los dos días que requiere la infraestructura de Kharg, lo que limita significativamente el volumen de exportación diario.
Razones por las que China acelera el acopio de petróleo en plena crisis energética
China ha intensificado sus esfuerzos para robustecer sus reservas energéticas, alcanzando un inventario estimado de 1,200 millones de barriles, suficiente para cubrir su demanda por 4 meses.
Aunque las exportaciones iraníes han caído de los 2.16 mbd (millones de barriles diarios) en febrero a los actuales 1.22 mbd, Beijing continúa absorbiendo cada barril disponible. Esta urgencia responde a la presión de Washington sobre proveedores clave como Venezuela e Irán, especialmente tras la captura de Nicolás Maduro y el fallecimiento del líder supremo iraní, Alí Jamenei, lo que obliga a China a prepararse ante un posible desabastecimiento global.
Este panorama energético genera una presión inflacionaria directa sobre la comunidad latina, particularmente la que reside en Estados Unidos. El aumento en los precios del crudo, que llegaron a rozar los $120 por barril antes de estabilizarse recientemente cerca de los $84.9, impacta de forma desproporcionada en los hogares hispanos debido al incremento en los costos de transporte y servicios básicos. Para las familias que dependen de vehículos para trabajar o que envían remesas, la volatilidad del mercado energético reduce el ingreso disponible, afectando la estabilidad financiera de miles de hogares latinos.
La actual crisis en el Estrecho de Ormuz ha provocado una reconfiguración forzada del mercado petrolero global. Aunque los precios han retrocedido tras el anuncio de una posible liberación masiva de reservas por parte del G7, la estabilidad es precaria mientras el tráfico marítimo no se normalice de forma segura. La transición de Irán hacia rutas menos eficientes y la caída en sus volúmenes de exportación sugieren que la oferta seguirá bajo una tensión constante, manteniendo la economía mundial en un estado de vulnerabilidad que afectará la competitividad y el crecimiento a corto plazo.
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