Irán ha logrado mantener el flujo de crudo hacia China a pesar de la guerra activa que mantiene con Estados Unidos e Israel, la cual ha paralizado gran parte del tráfico en el Estrecho de Ormuz.
Según datos de monitoreo satelital, Teherán ha enviado al menos 11.7 millones de barriles desde el inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero. Estas operaciones se realizan bajo condiciones de extremo riesgo, con muchos buques desactivando sus sistemas de rastreo para evitar ataques en una vía donde el tráfico comercial se ha reducido al mínimo.
La Organización Marítima Internacional ha reportado ataques contra diez barcos en las cercanías del estrecho, resultando en la muerte de siete marineros. A pesar de la amenaza, el flujo hacia Beijing continúa, aunque a un ritmo de 1.22 millones de barriles diarios, cifra significativamente inferior a los 2.16 millones registrados en febrero.
China, el principal comprador de crudo iraní, ha acelerado el acopio de suministros para fortalecer sus reservas estratégicas, que ya alcanzan los 1,200 millones de barriles, suficientes para cubrir su demanda por casi cuatro meses.
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¿Qué alternativas está utilizando Irán para evadir el bloqueo del Estrecho de Ormuz?
Ante el asedio en la ruta principal, Irán ha reanudado operaciones en la terminal de Jask, ubicada en el Golfo de Omán, fuera del estrecho. Recientemente, un superpetrolero cargó 2 millones de barriles en esta instalación, siendo apenas la quinta operación de este tipo en un lustro.
Aunque Jask ofrece una salida estratégica, su eficiencia es limitada: cargar un buque allí toma hasta diez días, comparado con los dos días que requiere la terminal tradicional de la isla de Kharg. Esto sugiere que, por ahora, Jask funciona más como una herramienta de propaganda que como una solución logística masiva.
¿Cómo ha reaccionado el mercado energético y la política internacional ante esta crisis?
La tensión ha llevado los precios del petróleo a rozar los $120 por barril, niveles no vistos en cuatro años. El presidente Donald Trump ha instado a las navieras a avanzar por el canal “con agallas”, minimizando la capacidad naval iraní tras los recientes enfrentamientos. Aunque los precios han retrocedido levemente tras alcanzar máximos, la paralización efectiva del tráfico en el Estrecho de Ormuz mantiene la amenaza de un shock petrolero global.
El G7 está llevando a cabo la mayor liberación de reservas de la historia para contener el impacto económico y como respuesta a un mercado que permanece en vilo debido a la incertidumbre sobre la duración de la guerra.
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China ha intensificado sus importaciones de crudo un 15.8% anual, anticipándose a posibles interrupciones mayores tras los ataques estadounidenses a Irán, en lo que parece ser una exitosa estrategia económica frente a su principal rival: Estados Unidos.








