Los futuros de las acciones en Nueva York mostraron una ligera recuperación el jueves por la noche, tras una sesión regular donde los principales índices alcanzaron mínimos no vistos en lo que va de 2026.
Los inversores mantienen una postura de cautela a la espera de datos críticos sobre la inflación, en un contexto donde el conflicto con Irán ha disparado los precios de la energía. Mientras los futuros vinculados al S&P 500 avanzaron un 0.1% y el Dow Jones sumó 73 puntos, el Nasdaq 100 reflejó la presión del sector tecnológico con una leve caída al cierre de la jornada previa.
La tensión alcanzó un punto álgido tras las declaraciones del nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, quien reafirmó el cierre del Estrecho de Ormuz como herramienta de presión geopolítica. Esta noticia impulsó al crudo Brent por encima de los $100 por barril por primera vez desde mediados de 2022, mientras que el West Texas Intermediate subió casi un 10%. Para los analistas de Morgan Stanley, la crisis energética se ha convertido en la mayor preocupación para los mercados globales, superando incluso los debates sobre el desarrollo de la inteligencia artificial o el crédito privado.
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Expectativas ante el dato de inflación y la Reserva Federal
El foco de los operadores está ahora en la publicación del índice de precios del gasto en consumo personal (PCE), el indicador de inflación predilecto de la Reserva Federal. Se prevé que el PCE subyacente, que excluye elementos volátiles como alimentos y energía, haya aumentado un 3.1% interanual. Estas cifras son fundamentales, ya que el aumento del costo de la energía y los temores inflacionarios han reducido significativamente las esperanzas de que la Fed aplique recortes en las tasas de interés durante este año, manteniendo una política monetaria restrictiva para contener la escalada de precios.
La persistencia de precios elevados en el petróleo actúa como un lastre para las acciones, afectando especialmente a sectores dependientes del consumo discrecional y la logística. Los tres índices principales de Wall Street se perfilan para cerrar la semana con pérdidas notables; el Dow Jones encabeza las caídas con un retroceso acumulado del 1.7%. Esta volatilidad subraya cómo la inestabilidad en el Golfo Pérsico está reconfigurando las proyecciones económicas globales y obligando a los gestores de patrimonio a reevaluar sus estrategias de riesgo ante un posible escenario de estanflación que afecte el crecimiento.
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Impacto en los mercados asiáticos y el sentimiento global
La ola de pesimismo se extendió a las bolsas de Asia y el Pacífico, que abrieron a la baja el viernes debido a los temores de una guerra prolongada. El índice Nikkei 225 de Japón cayó un 2%, mientras que en Corea del Sur, el Kospi sufrió un retroceso cercano al 3%.
Los inversores asiáticos muestran una vulnerabilidad especial ante la reducción de los suministros de energía, dado que la región es altamente dependiente de las importaciones que transitan por las rutas marítimas actualmente bajo amenaza iraní, lo que podría golpear sus cadenas de producción y exportación a corto plazo.
El cierre del Estrecho de Ormuz, si se mantiene por más de dos meses, podría transformar el actual bache del mercado en un problema estructural de suministro global. Por ahora, el mercado espera que el informe de inflación del viernes aporte claridad sobre la trayectoria de los precios, en un escenario donde la geopolítica y la economía se han entrelazado de forma indisoluble para este cierre de trimestre financiero.
La capacidad de los mercados para absorber el choque energético será determinante para evitar una recesión técnica en la segunda mitad del año.
Los analistas sugieren mantener una vigilancia estrecha sobre los activos de refugio, mientras la Reserva Federal decide si prioriza el control estricto de la inflación o el sostenimiento del crecimiento económico ante una crisis que no parece tener una resolución diplomática sencilla en el horizonte cercano.








