Los Emiratos Árabes Unidos elevaron el tono diplomático contra Irán al denunciar ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU una ofensiva de 26 días que, según sus cifras, ha incluido más de 2,000 misiles balísticos, misiles de crucero y drones contra su territorio. La acusación no se limitó al plano militar: Abu Dabi sostuvo que los ataques golpearon aeropuertos, zonas residenciales, puertos, instalaciones petroleras, centrales eléctricas y otros objetivos civiles, en lo que calificó como una violación flagrante de su soberanía y del derecho internacional humanitario.
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La presentación emiratí en Ginebra, encabezada por su representante permanente Jamal Al Musharakh, buscó instalar la idea de que la escalada ya no es un episodio regional aislado. Para EAU, se trata de una amenaza con impacto sobre la seguridad internacional, la navegación marítima y las cadenas de suministro, en un momento en que cualquier disrupción en el Golfo puede trasladarse rápidamente a los precios de la energía, los seguros de transporte y los costos logísticos.
El diplomático subrayó además una contradicción de fondo: mientras Teherán habla de relaciones de buena vecindad, los ataques, según Abu Dabi, han recaído sobre países vecinos que en los últimos meses habían intentado contener la crisis. EAU insistió en que había dejado claro que su territorio no sería utilizado para operaciones militares contra Irán, por lo que rechazó cualquier justificación basada en represalias.
El saldo humano presentado por las autoridades emiratíes muestra la dimensión del episodio. Según su versión, desde el inicio de la ofensiva el 28 de febrero han muerto dos miembros de las fuerzas armadas y seis civiles, mientras 161 personas resultaron heridas. Las víctimas y lesionados pertenecen a 29 nacionalidades, una cifra que retrata el carácter global de la población trabajadora del país y refuerza la lectura de que el conflicto tiene consecuencias más allá de sus fronteras inmediatas.
Abu Dabi pone el foco en el costo humano y en la presión diplomática
Uno de los episodios más sensibles ocurrió en Abu Dabi, en la calle Sweihan, donde restos de un misil interceptado cayeron sobre la vía pública y alcanzaron vehículos. En ese incidente murieron un ciudadano indio y un paquistaní, mientras otras tres personas resultaron heridas: un emiratí, un jordano y un indio, con lesiones de moderadas a graves. Las autoridades abrieron una investigación y pidieron a la población remitirse únicamente a información oficial para evitar rumores o versiones no verificadas.
A ese caso se sumó la muerte de un contratista civil que trabajaba para las Fuerzas Armadas emiratíes durante una misión rutinaria en Bahréin, en un hecho también atribuido a Irán. Posteriormente, el gobierno informó que ese ataque dejó además cinco miembros del Ministerio de Defensa heridos. La lista de nacionalidades afectadas incluye, entre otras, a trabajadores de India, Pakistán, Bangladesh, Nepal, Egipto, Filipinas, Jordania, Palestina y Sudán, lo que vuelve especialmente visible el peso de la mano de obra migrante en la economía emiratí.
Ese detalle no es menor. Para millones de familias en Asia, África y Medio Oriente, una crisis prolongada en EAU puede afectar empleo, remesas y estabilidad laboral. El conflicto también merece atención por su potencial efecto indirecto: si se tensionan las rutas energéticas o suben los costos de transporte, el impacto puede sentirse en gasolina, alimentos y servicios, golpeando especialmente a hogares trabajadores y a pequeños negocios.
En paralelo, Abu Dabi remarcó que cuenta con respaldo internacional. El representante emiratí citó la Resolución 2817 del Consejo de Seguridad de la ONU, que condena los ataques, y sostuvo que fue copatrocinada por 136 Estados miembros. También mencionó una resolución de la Organización Marítima Internacional apoyada por más de 115 países, centrada en condenar las amenazas a la navegación y el cierre del estrecho de Ormuz.
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El estrecho de Ormuz y el derecho a la autodefensa elevan la tensión económica
La preocupación por Ormuz es central. Ese corredor es una arteria crítica para el suministro mundial de crudo y gas, de modo que cualquier amenaza sobre su funcionamiento añade presión inmediata a los mercados energéticos. Para EAU, el conflicto no solo pone en peligro a civiles e infraestructura, sino que introduce un factor de incertidumbre en el comercio internacional y en la estabilidad de precios a nivel global.
Por eso, Al Musharakh cerró con un mensaje de firmeza: Emiratos Árabes Unidos mantendrá su modelo de buena vecindad, tolerancia y coexistencia, pero conserva, bajo el artículo 51 de la Carta de la ONU, el derecho a adoptar las medidas necesarias para proteger su soberanía, su seguridad nacional y su integridad territorial. Esa combinación de denuncia diplomática y reafirmación del derecho a defenderse deja claro que la crisis todavía está lejos de cerrarse y que sus efectos podrían extenderse mucho más allá del Golfo.
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