Un tribunal federal de apelaciones de Estados Unidos ha denegado la solicitud de decenas de familias para reabrir el caso penal contra Boeing, relacionado con los dos accidentes mortales del modelo 737 Max en los que murieron 346 personas. Los abogados de las víctimas argumentaron que el Departamento de Justicia no realizó las consultas debidas antes de pactar un acuerdo el año pasado, lo que derivó en la desestimación de los cargos por conspiración criminal contra la compañía.
En una decisión unánime, el panel de tres jueces del Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito declaró que los fiscales federales no violaron los derechos de los familiares bajo la Ley de Derechos de las Víctimas de Delitos. Paul Cassell, abogado de las familias, calificó el fallo como “gravemente defectuoso”, señalando que esta resolución permite a Boeing eludir la responsabilidad penal por la muerte de cientos de personas al no brindar una oportunidad real de influir en las negociaciones.
Detalles del acuerdo y el proceso judicial
El acuerdo permitió a Boeing evitar el procesamiento a cambio de pagar o invertir $1,100 millones adicionales en multas, indemnizaciones y mejoras en sus sistemas de seguridad y calidad. Aunque Boeing no emitió comentarios tras el fallo, su defensa sostuvo que más de 60 familias apoyaron el acuerdo y que la empresa ha tomado medidas extraordinarias para corregir sus procesos internos tras los trágicos eventos de 2018 y 2019.
El historial judicial del caso ha sido complejo. Inicialmente, el Departamento de Justicia acusó a Boeing de defraudar al gobierno en 2021, pero acordó no procesarla si cumplía con leyes antifraude. En 2024, tras determinarse que la empresa violó dicho pacto, Boeing aceptó declararse culpable. Sin embargo, el juez federal Reed O’Connor aprobó finalmente el retiro de los cargos en noviembre pasado, argumentando que un juicio conllevaba el riesgo de una absolución total por parte de un jurado.
Fallas en el software y negligencia en la formación
El núcleo del caso penal giraba en torno al sistema de software automatizado de control de vuelo del 737 Max, diseñado para compensar el tamaño de sus motores. Boeing presentó este modelo como una actualización que no requería formación adicional significativa, minimizando cambios críticos que no fueron incluidos en los manuales de vuelo y que la mayoría de los pilotos desconocía.
Las investigaciones confirmaron que, en ambos accidentes, el software inclinó repetidamente la nariz del avión basándose en lecturas erróneas de un solo sensor. Los pilotos de Lion Air y Ethiopian Airlines no pudieron recuperar el control de las aeronaves debido a la falta de información sobre el sistema. Tras estos hallazgos, se descubrió que Boeing omitió informar a los reguladores de la aviación sobre los cambios en el software antes de la certificación del avión, lo que mantuvo la flota en tierra a nivel mundial durante 20 meses.
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