La escalada del conflicto en Medio Oriente ha dejado de ser un evento geopolítico lejano para convertirse en un factor directo que impacta la economía global. Ataques recientes a infraestructura clave en Irán han intensificado la presión sobre los mercados energéticos y las cadenas de suministro.
Luis Otero, experto en materias primas, advirtió que el impacto es inmediato y profundo. “Es muy disruptivo”, afirmó al referirse a los ataques a complejos petroquímicos estratégicos que concentran gran parte de la producción energética de la región.
El petróleo ya supera los $110 por barril, mientras múltiples derivados clave han comenzado a registrar aumentos acelerados, afectando industrias que van mucho más allá del sector energético.
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¿Por qué este conflicto impacta tanto la economía global?
El problema no es solo el petróleo, sino todo el ecosistema industrial que depende de él. La interrupción en centros como South Pars afecta directamente la producción de gas natural, petroquímicos y materias primas esenciales.
“Ya el mercado estaba corto… la capacidad baja crea mucha presión”, explicó Otero, señalando que muchas plantas operaban por debajo de su capacidad incluso antes del conflicto.
Esto genera un efecto en cadena: menos producción implica mayores precios, lo que impacta desde la manufactura hasta el transporte. Además, la situación se agrava con las restricciones en rutas clave como el estrecho de Ormuz, vital para el comercio energético mundial.
El resultado es una presión sostenida sobre los costos, que termina trasladándose al consumidor en forma de inflación.
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¿Cómo se traducirá esto en el bolsillo del consumidor?
El impacto ya se empieza a sentir y podría intensificarse en las próximas semanas. “El aumento de los precios… se va a ver reflejado ya en las próximas semanas”, advirtió Otero.
No solo subirá la gasolina. Productos cotidianos como plásticos, alimentos, cosméticos, medicamentos y hasta artículos del hogar dependen de derivados del petróleo. Desde botellas y empaques hasta componentes automotrices y productos de limpieza, la lista es extensa. Incluso sectores como la aviación ya enfrentan aumentos en costos de combustible, lo que anticipa alzas en tarifas aéreas.
Otero también destacó que el impacto no será de corto plazo. La normalización del mercado podría tardar entre 17 y 18 meses, debido a daños en infraestructura, disrupciones logísticas y la incertidumbre política.
En este escenario, recomendó cautela: “Hay que estar bien cerca del mercado”, enfatizó, sugiriendo que tanto empresas como consumidores deben adaptarse a un entorno de alta volatilidad.
La situación actual no solo redefine los precios de la energía, sino que evidencia la fragilidad de las cadenas globales. Lo que ocurre en una región específica puede impactar rápidamente el costo de vida a nivel mundial, obligando a una mayor planificación financiera en todos los niveles.
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