Hesai Technology, uno de los mayores fabricantes mundiales de sensores lidar para vehículos autónomos, enfrenta un creciente escrutinio en Estados Unidos por presuntos riesgos para la seguridad nacional. Aunque la empresa china continúa suministrando tecnología a compañías como Nvidia y otras firmas del sector de conducción autónoma, fue incluida por el Departamento de Defensa en su lista de entidades vinculadas al ejército chino, una decisión que la compañía impugna en los tribunales.
El lidar permite que vehículos, robots y otras máquinas creen mapas tridimensionales de su entorno mediante pulsos láser. Su bajo costo y rápida adopción han convertido a Hesai en un actor dominante del mercado, con aproximadamente un tercio de la participación global en sensores para automóviles.
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Crecen las dudas sobre la seguridad de los datos
Expertos en seguridad y legisladores estadounidenses advierten que estos sensores podrían convertirse en una puerta de acceso para recopilar información sensible sobre infraestructura crítica, aeropuertos, redes eléctricas o sistemas de transporte. También alertan sobre la posibilidad de que actualizaciones de software o firmware sean utilizadas para alterar el funcionamiento de vehículos autónomos.
Investigaciones académicas han demostrado que los sistemas lidar pueden ser manipulados para crear objetos inexistentes o hacer desaparecer obstáculos reales, lo que podría afectar la seguridad de vehículos sin conductor. Hesai sostiene que sus sensores no almacenan datos y que el procesamiento de la información depende de los fabricantes que integran la tecnología.
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Nvidia mantiene la alianza mientras aumenta la presión política
Pese a las advertencias, Nvidia mantiene a Hesai como uno de los proveedores disponibles para su plataforma de conducción autónoma. La empresa estadounidense afirmó que su arquitectura permite a los fabricantes seleccionar los componentes que mejor se adapten a sus necesidades, respetando las regulaciones vigentes.
Mientras tanto, en el Congreso de Estados Unidos avanzan propuestas para limitar el uso de tecnología lidar de origen chino y restringir la circulación de vehículos desarrollados con componentes considerados estratégicos. El debate refleja la creciente rivalidad tecnológica entre Washington y Pekín, donde la seguridad nacional comienza a pesar tanto como la innovación y los costos en el desarrollo de la inteligencia artificial y la movilidad autónoma.
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