El debate entre capitalismo y socialismo vuelve a cobrar fuerza en Estados Unidos, pero detrás de las etiquetas políticas aparece una preocupación mucho más cotidiana: el costo de vivir, comprar una vivienda, alimentar una familia y encontrar oportunidades reales para progresar.
Myrka Dellanos, vocera de Iniciativa LIBRE, considera que parte del cambio de percepción, especialmente entre los jóvenes, debe analizarse desde esa frustración económica. “No puedo tal vez comprar una casa. No veo las posibilidades a largo plazo de poder hacerlo. No veo la posibilidad de pagar mi renta”, señaló al describir las preocupaciones que pueden alimentar el descontento.
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¿Estados Unidos está girando hacia el socialismo o los estadounidenses están castigando al capitalismo?
Los datos muestran una diferencia importante entre las etiquetas y aquello que los ciudadanos respaldan cuando se les pregunta por conceptos económicos concretos.
Según la encuesta de Gallup citada durante la entrevista, 54% de los estadounidenses tiene una opinión favorable del capitalismo, frente al 39% que valora positivamente el socialismo. Sin embargo, el respaldo alcanza 81% cuando se pregunta por la libre empresa y 95% cuando se habla de pequeñas empresas.
Dellanos interpreta esa brecha como una señal de que existe un problema de percepción. “No creo que estén rechazando en sí lo que significa el capitalismo, sino lo que ellos perciben hoy en día que se les está vendiendo como capitalismo”.
Para la vocera, preguntar solamente si alguien apoya el socialismo resulta insuficiente. Considera necesario determinar qué modelo económico desea realmente esa persona: si quiere emprender, escoger dónde trabajar, desarrollar una carrera y conservar capacidad individual para tomar decisiones.
“Tal vez no le tenemos que llamar tal palabra porque hoy en día se ha convertido en una palabra negativa”, explicó sobre el capitalismo. Su propuesta es trasladar la discusión hacia oportunidades concretas de prosperidad.
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¿Por qué el costo de vida puede pesar más que las etiquetas políticas en las próximas elecciones?
Dellanos considera que la insatisfacción económica crea terreno para propuestas que prometen soluciones inmediatas. Vivienda costosa, salarios insuficientes y dificultades para pagar alimentos pueden hacer particularmente atractivos los programas que ofrecen mayores beneficios públicos.
“Puede influir muchísimo en las elecciones”, afirmó.
Para ella, responder simplemente que “socialismo es malo” y “capitalismo es bueno” resulta poco efectivo frente a alguien que siente que trabaja, pero continúa perdiendo capacidad económica.
La conversación, sostiene, debería comenzar escuchando esa frustración: “Tú tal vez no entiendes lo que yo estoy atravesando. Tú tal vez tienes un coche. Yo no lo tengo. Yo veo que tú prosperas, pero yo no”.
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¿Por qué los latinos pueden interpretar el socialismo de manera diferente según su generación?
La experiencia histórica introduce otra dimensión. Para inmigrantes procedentes de países donde vivieron sistemas socialistas, la palabra puede estar vinculada directamente con experiencias familiares, económicas y políticas.
“Para muchas familias latinoamericanas el socialismo no es una teoría, es realmente algo que se vivió en carne propia”, afirmó Dellanos, quien recurrió a la historia de su propia familia cubana para explicar esa percepción.
Las generaciones nacidas o criadas en Estados Unidos pueden relacionar el término principalmente con educación, salud u otros programas sociales, sin compartir necesariamente las experiencias de padres y abuelos.
Ahí aparece una brecha que puede resultar políticamente decisiva. Dellanos sostiene que la respuesta debe ser explicar costos, consecuencias y alternativas, pero también escuchar.
“No es cerrar nuestros oídos a la plática, creo que es abrir la conversación aún más”, resumió.
De cara a las elecciones, el debate económico probablemente no se resolverá únicamente preguntando quién prefiere capitalismo o socialismo. La batalla estará en demostrar qué modelo ofrece mejores respuestas a vivienda, salarios, emprendimiento y movilidad económica, asuntos que pueden terminar pesando mucho más en las urnas que cualquier etiqueta ideológica.
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