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La deuda mundial superó los $365 billones después de aumentar $10 billones durante el primer semestre del año, una escalada que amenaza con reducir el margen de los gobiernos para enfrentar futuras crisis.

El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) advirtió que el problema se intensifica mientras los rendimientos de los bonos gubernamentales alcanzan máximos de más de una década en economías como Estados Unidos, Japón, Francia y Reino Unido.

Detrás del aumento aparecen tasas de interés elevadas, presión energética, crecimiento económico débil y un gasto público que continúa aumentando.

¿Por qué el costo de la deuda preocupa a los economistas?

Las economías avanzadas pagaron más de $3.3 billones en intereses sobre bonos gubernamentales negociados internacionalmente durante el último año, según el IIF.

La cifra supera el gasto mundial señalado por el organismo para inteligencia artificial, de $2.6 billones; defensa, de $3.1 billones; y energía limpia, de $2.3 billones.

El IIF advirtió sobre un “círculo vicioso entre elecciones y soluciones rápidas a corto plazo”, mientras una mayor deuda genera cada vez menos beneficios económicos y aumenta la vulnerabilidad fiscal.

El organismo anticipa además un incremento considerable de los gastos por intereses conforme suben las tasas de referencia, mientras permanecen prácticamente sin resolver presiones estructurales como pensiones públicas y atención sanitaria.

Para hogares y empresas, una carga fiscal creciente puede traducirse eventualmente en decisiones difíciles sobre impuestos y gasto público, además de mantener elevados los costos de financiamiento.

¿Qué medidas proponen la OCDE y el FMI?

La OCDE considera que los mayores rendimientos de los bonos refuerzan la necesidad de contener y reasignar el gasto, mejorar la eficiencia del sector público y fortalecer los ingresos gubernamentales.

El objetivo sería recuperar espacio fiscal para que los países puedan responder a nuevas recesiones o emergencias sin depender continuamente de más endeudamiento.

Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, describió el crecimiento de la deuda como “una escalera que no lleva al cielo”.

Georgieva sostuvo que existen dos prioridades: “reducir los niveles de deuda” mediante consolidación fiscal y garantizar que los bancos centrales mantengan su mandato de estabilidad de precios.

El desafío es político y económico: reducir déficits mientras crecen las necesidades de gasto. Para el IIF, posponer esos ajustes aumenta el riesgo de que una proporción cada vez mayor de los presupuestos termine destinada simplemente a pagar intereses.

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