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El precio del aluminio ha registrado un fuerte repunte desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, impulsado por disrupciones en el suministro desde Oriente Medio, una región clave para la producción global.

Desde el 28 de febrero, los futuros a tres meses en la Bolsa de Metales de Londres (LME) llegaron a subir hasta 10% y actualmente se mantienen cerca de un alza de 8%, acercándose a niveles no vistos en casi cuatro años, alrededor de $3,300 por tonelada.

Impacto en oferta y riesgo de escasez

El cierre efectivo del estrecho de Ormuz ha complicado el flujo de materias primas, mientras que Alba, en Bahréin —la mayor fundición de aluminio del mundo— redujo su producción en 19%, aumentando la preocupación por una oferta más limitada.

Con inventarios ya ajustados, analistas advierten que los precios podrían escalar hasta $4,000 por tonelada si continúan las interrupciones. Aun así, la debilidad de la demanda global ha contenido un alza aún mayor.

El aluminio es un insumo esencial para sectores como construcción, transporte, electrónica, empaques y energía solar, por lo que cualquier shock en precios tiene efectos amplios en la economía.

China y la demanda marcarán el rumbo

El futuro del mercado dependerá en gran medida de China, el mayor productor mundial. El país mantiene límites de producción cercanos a 45.5 millones de toneladas anuales, pero podría reactivar capacidad ociosa si los precios suben demasiado.

Esto introduce un factor de equilibrio: una mayor oferta china podría frenar el rally, mientras que un conflicto prolongado seguiría presionando el lado de la oferta global.

A diferencia de otros metales como el cobre o la plata, el aluminio no ha captado un fuerte interés de inversionistas minoristas, lo que sugiere que el movimiento actual responde más a fundamentos industriales que a especulación financiera.

Para empresas y consumidores, incluidos muchos negocios hispanos en EE.UU. vinculados a construcción, manufactura o importaciones, el encarecimiento del aluminio puede traducirse en mayores costos operativos, presionando precios finales y márgenes en los próximos meses.

El mercado queda así expuesto a dos fuerzas opuestas: una oferta restringida por tensiones geopolíticas y una demanda global aún frágil, lo que mantendrá la volatilidad elevada en el corto plazo.

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