La cadena de parrilla mexicana Chipotle reportó ingresos de $2,880 millones, por debajo de los $2,950 millones esperados por Wall Street.
Las ventas en sus mismos locales cayeron un 0.4%, lo que representa la primera caída desde 2020. Aunque las ganancias por acción se ubicaron en $0.29, superando ligeramente las previsiones, el trasfondo dejó un sabor amargo. Las transacciones disminuyeron un 2.3%, y ese golpe apenas fue suavizado por un aumento del 1.9% en la cuenta promedio.
El CEO Scott Boatwright lo resumió sin rodeos: “El ahorro de dinero debido a las preocupaciones en torno a la economía fue la principal razón por la que los consumidores redujeron la frecuencia de las visitas a los restaurantes”. Según explicó, la desaceleración comenzó en febrero y se ha mantenido hasta abril, a pesar del impulso que dio su pollo con miel y chipotle.
El impacto climático, la postergación de la Pascua y una primavera floja retrasaron lo que tradicionalmente llaman “temporada de burritos”. El verano se anticipa aún más débil, y la recuperación no se espera hasta la segunda mitad del año.
Para empeorar las cosas, el alza arancelaria impulsada por la Casa Blanca está comenzando a encarecer insumos clave. El director financiero, Adam Rymer, advirtió que estos aranceles añadirán un 0.5% al coste de ventas anual.
Chipotle aún planea abrir hasta 345 nuevos locales en 2025, pero la receta para remontar ya no depende solo del sazón. Ahora necesita algo más difícil de conseguir: confianza.
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