En un ambiente cargado de expectativas y señales confusas, el presidente Donald Trump volvió a sacudir el tablero con una advertencia que ha puesto en alerta al mundo farmacéutico. Durante una reunión de gabinete, lanzó una advertencia directa: “Habrá aranceles a una tasa muy alta, del 200%”. Las palabras no fueron un simple gesto político, sino una promesa que podría transformarse en decreto “muy pronto”.
El mandatario no dio una fecha precisa, pero sí una pista: “Les daremos un cierto período de tiempo para que se pongan las pilas”, dijo, señalando que las farmacéuticas tendrían entre un año y un año y medio para reubicar su producción dentro de EE. UU. De inmediato, el secretario de Comercio, Howard Lutnick, confirmó que los detalles finales llegarán “a fin de mes”, cuando concluyan los estudios en curso sobre productos farmacéuticos y semiconductores.
El anuncio, aunque de alto voltaje político, no tuvo impacto inmediato en Wall Street. Las acciones farmacéuticas se mantuvieron prácticamente estables, mientras que los analistas intentaban descifrar si se trata de una amenaza real o un nuevo giro retórico. “No está claro si la administración los seguirá en el futuro”, escribió David Risinger, de Leerink Partners, quien interpretó el anuncio como una señal positiva para el sector por la demora en su implementación.
La industria, sin embargo, no se muestra indiferente. Desde PhRMA, el influyente grupo de lobby del sector, Alex Schriver advirtió que “cada dólar gastado en aranceles es un dólar que no se puede invertir en la fabricación estadounidense ni en el desarrollo de futuros tratamientos y curas”. Subrayó además que “los medicamentos han estado exentos de aranceles porque pueden aumentar los costos y provocar escasez”.
La administración ya había dado señales de esta línea de acción en abril, cuando invocó la Sección 232 para investigar el impacto de las importaciones farmacéuticas en la seguridad nacional. Ahora, el discurso de Trump apunta claramente a forzar el regreso de la producción. “Queremos que los medicamentos se fabriquen en Estados Unidos”, ha repetido el mandatario en diversas ocasiones.
Mientras compañías como Johnson & Johnson, Eli Lilly y AbbVie han comenzado a reforzar sus inversiones domésticas, el sector advierte que imponer aranceles podría tener un efecto adverso. La amenaza de Trump, aunque envuelta en ambigüedad, podría redefinir la cadena de suministro global de medicamentos y reavivar las tensiones entre Washington y la industria farmacéutica.
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